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Archivo de la etiqueta: oda a las estrellas

Ha habido días recientemente que son complicados. Vemos a nuestro alrededor momentos complejos personales, momentos confusos y quizá, pensemos que son los últimos momentos o más decisivos.

Es una sensación extraña el pensar que estamos en momentos transcendentales, pero, quizá mirando un poco a nuestro alrededor, nos demos cuenta que debemos relativizar. Leyendo un libro de astrofísica, encontré y después verifique que el calcio de nuestros huesos, el carbono de nuestro cuerpo y el hierro de nuestra sangre se crea en grandísima reacciones dentro de estrellas hace millones de años en lugares remotos de la galaxía y transladados por vientos estelares y atraídos por fuerzas universales como la gravedad; hemos sido formados por casualidad en este pequeño rinconcito, en este preciso instante.

Por esto, por la casualidad y el momento tan pequeño, insignificante, casí irrisorio en la vida de un planeta o de una galaxia, como podemos pensar que nuestras pequeñas vidas importan y que nuestros problemas, no son ni serán representativo cuando pasen unos años.

Tan sólo, aunque ahora estemos en el frío invierno, merecen la pena salir a la calle de noche e intentaremos ver las estrellas, pensar que están, estaron y estarán muchos más millones de años que nuestras insignificantes vidas o problemas, seguirán luciendo y brillando en nuestro oscuro cielo, mirando, observando, pensando que, quizá sin saberlo, somos el polvo de otras estrellas que lucieron hace millones de años y que volveremos a serlo en otro ciclo de nuestras existencia.

Tú y yo somos como dos estrellas detenidas en el espacio, separadas por la distancia y unidas por el recuerdo.


Tú y yo somos como dos estrellas detenidas en el espacio, separadas por la distancia y unidas por el recuerdo.

Hablando de estrellas, recuerdo un poema de Gabriela Mistral, que es una oda a las estrellas.

Ojitos de las estrellas
abiertos en un oscuro
terciopelo: de lo alto,
¿me veis puro?

Ojitos de las estrellas,
prendidos en el sereno
cielo, decid: desde arriba,
¿me veis bueno?

Ojitos de las estrellas,
de pestañitas inquietas,
¿por qué sois azules, rojos
y violetas?

Ojitos de la pupila
curiosa y trasnochadora,
¿por qué os borra con sus rosas
la aurora?

Ojitos, salpicaduras
de lágrimas o rocío,
cuando tembláis allá arriba,
¿es de frío?

Ojitos de las estrellas,
fijo en una y otra os juro
que me habéis de mirar siempre,
siempre puro.

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