Cuando vivimos, cuando sentimos, cuando transcurrimos los senderos de la vida, es muy extraño encontrarse con algo en soledad. Aunque no se quiera, siempre hay parejas para todo, para todo y para todos los sentimientos. Es curioso porque la gente nos sentimos solas, pero siempre estamos en pareja. Soledad con melancolía de lo vivido, desamor con desesperanza de volver a vivir pleno, tristeza con amargura de no volver a recuperar el tiempo perdido. Todo, hasta la última esperanza que incluso va con la valentía de aferrarse al intento.

Pero no siempre la pareja debe estar al lado, o incluso al nivel que se desea. Nunca la desgracia cuando es grande viene sola, ya que las compañías adquiridas y elegidas casi siempre son de menor nivel (de momento…) que la primera y original. Incluso las personas, en el trasiego de experiencias y sensaciones no vamos solos. Jamás, desde que nacemos con nuestra madre hasta cuando morimos, con la muerte de la mano dando paso a lo jamás contado, jamás encontrado, jamás escondido, jamás revelado.

Soledad

El camino de la montaña, como el de la vida, no se recorre con las piernas sino con el corazón. Andres Nadal

Para terminar este pequeño pasaje, nada mejor que este poema de la gran Gloria Fuertes, aquella que solo la veíamos como poeta de niños, aunque al final, los niños tenemos cualquier edad….

 Parejas

Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.

Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.

Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.

Cada foco con su foca.
Cada plato con su taza.

Cada río con su ría.
Cada gato con su gata.

Cada lluvia con su nube.

Cada nube con su agua.
Cada niño con su niña.

Cada piñón con su piña.
Cada noche con su alba.

Siempre es complicado ver el punto donde el mar se une al cielo. Azul contra azul separados por una línea casi invisible en los atardeceres de verano. No hay contraste, no hay diferencias entre lo profundo y lo más alto. Sólo hay un sendero, solo hay una distancia a recorrer desde nuestro mirador. Solo el punto diferente donde la tierra se despide y el mar la acaricia suave, armónica, con cariño de aquel que conoce el final de lo inevitable.

Pero siempre se debe elegir entre el mar o el cielo, entre lo tangible y lo etéreo, entre la soledad existente o la compañía imaginada, entre la próximo o lo lejano, porque en la línea del horizonte no se puede estar, en un lado o en el otro; en un lado o en el otro del camino. Quizá sea complicado en algunos sitios, pero el camino a recorrer circular, desde los pies a la cabeza y de nuevo a los pies, no hay lugar donde descansar, no hay lugar donde esperar, no hay espacio donde regresar. Es el camino del sol, el camino de la vida.

Siempre es circular. No tiene ni comienzo ni final. No hay pausa ni descanso. No hay lugar para sentarse a la orilla del camino ni línea del infinito donde apoyarse en la subida o bajada. Sólo lo harás; sólo te encontrarás, siempre…

Horizon_line

Mis ojos, faros de angustia, trazan señales misteriosas en los mares desiertos. Y eterna, la llama de mi corazón sube en espirales a iluminar el horizonte. Alfonsina Stormy

Para animar este día, de soledad y compañía, de luces y sombra, un poquito de música de Dorantes para animar y dar sentimiento a este camino… quizá para hacerlo más agradable…

Muchas veces, cuando vamos avanzando nuestro camino vital, nos encontramos con curiosas coincidencias. Esas que hacen que, de repente, te acuerdes de personas que fueron importantes en otros momentos, en otras circunstancias, en otros parajes del camino. Quizá de esos que nos acordamos, no se acuerden de nosotros, pero muchos han conformado nuestra forma de actuar, nuestra forma de refugiarnos de nuestros miedos, de nuestros recuerdos dolorosos…

Espero también que alguna vez, cuando alguien camine por su recorrido, cuando alguien tenga un momento triste o no tan bueno, pueda ayudar a alguien con quien compartí vivencias, aventuras, sentimientos, momentos… No con pena, no con melancolía, sino como ese recuerdo de lo vivido que hace crecer la vida, que hace aumentar la sensación de tiempo vivido, de esos silencios que sólo vives contigo mismo que te acompañan como tu sombra al comenzar a andar en una mañana de verano.

Quizá sean frases, quizá sean pequeñas conversaciones, no sé si pueden ser esos fotogramas que todos nos llevaremos en nuestra mochila, en nuestro pequeño petate de vivencias. No los busques porque no los encontrarás. Aparecerán, como aparecen las nieblas que se disipan sin motivo alguno, sin criterio, sin patrón… en cualquier caso, quizá me encuentres en algún momento especial…

desde castillo de gormaz

Cuanto más sencilla sea… más hermosa resulta

Esta entrada se me ha ocurrido mientras escuchaba y veía esta maravilla de los chicos de McEnroe, porque además de que sus canciones me encantan, en este video tira de esos paisajes tan cercanos, tan internos y queridos para mí como son el castillo de Gormaz o el cañón del río Lobo. Ellos lo llaman su Toscana Soriana… aunque yo prefiero llamarlo mi sitio…

“Resiliencia”… curioso vocablo… dice la RAE que es la “capacidad que tienen los seres vivos para adaptarse a condiciones generadas por un agente externo desfavorable.”  En otras palabras… la capacidad que tenemos de mantener el tipo, de mantener los criterios y valores habituales frente a todo lo que nos va echando encima el destino. Es complicado saber hasta que punto se puede aguantar. Un día, una amiga me comentó que cuando corrió su primer maratón, se dio cuenta que la capacidad de soportar sufrimiento en las personas es casi infinita, pero lo que jamás debe faltar es quedarnos sin las ganas de llegar.

Físicamente no cabe duda de qué el dolor humano puede llegar a límites casi infinitos, pero mentalmente se debe explorar hasta que punto se debe alcanzar y hasta que punto estamos dispuestos a asumir. En algunos momentos, cuando piensas en cosas que suceden, piensas que debes aguantar aquello que, como un gota que cae armoniosa de un fuente de la montaña, cae golpeándote la cabeza una y otra vez, repetidamente y con una frecuencia demoledora. No es algo especial cuando cae una gota. Lo especial es aguantar día tras día, gota tras gota, …

Resiliencia es también no rendirse cuando vemos el camino que tenemos por delante. Ver la gran montaña ante nosotros, ver las primeras rampas, ver el camino en la lejanía sobre la que el camino, girándose sobre sí mismo, con la torsión propia de una culebra que busca encontrar, a lo largo de su recorrido su ansiada presa que a lo largo de la visión somos incapaces de divisar. Resiliencia en pensar que el camino recorrido ha sido antes superado por alguien con el mismo resquemor que tú, con las mismas condiciones de cansancio, con el mismo nivel de quebrantamiento, con las mismas ganas de vivir, de mejorarse, de sacar ese último aliento que te haga llegar.

El alpinista es quién conduce su cuerpo allá dónde un día sus ojos lo soñaron
Gaston Rébuffat

 

Para una entrada como la de hoy, que mejor que el poema de Mario Benedetti sobre la rendición..

¡No te rindas!

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola, porque yo te quiero.

Es un espacio curioso y un momento curioso. No creo que sea un momento especial para la humanidad, pero vitalmente estoy altamente sorprendido. Vivimos en un mundo donde cada vez escucho más disonancias sobre valores, sobre los criterios que pensé, evidentemente, de forma equivocada sobre algo que ya se presumía conseguido para, al menos, una parte de la sociedad.

Hablan de personas y nos olvidamos de los están alrededor. Hablamos de criterios sobre sentimientos y valores personales, sobre empatía con los demás, mientras la mayoría a la hora de decidir considera al extraño como indeseable, como alguien maligno que viene a dañarnos. Lo distinto es lo malo, lo desconocido destruye mis creencias, me saca de mi espacio de confort. Enormes cantidades de dinero se invierten en la mejora de las condiciones de algunos, mientras otros se mueren por no tener nada. Absolutamente nada.

Nuestros miedos se hacen fuertes. Nada más peligroso que no ser conscientes de nuestro “vagabundear” vital. Nada más cercano de aquel niño que fuimos y descubríamos con sorpresa nuestro entorno, sin tener nada que salvaguardar, nada que poseer, nada de valor, salvo nuestras ganas de conocer, de vivir al fin y al cabo. De este viaje que es la vida nada nos quedará, nada que podamos llevar allá donde vayamos, nada que compartir sino el cariño y las acciones hechas durante nuestro sendero; sin nada de peso, salvo los besos y las caricias, los abrazos, los consuelos, las melancolías y las lágrimas de tristeza… sin darnos que todo cabrá entre el cielo y el mar.

 

“Desde pequeño pensé que los mendigos y los vagabundos, la gente que vivía al raso, sabían algo más, o algo distinto. Estaba convencido de que los que no tienen nada lo tienen todo. Ya sé que esto no es verdad a la fuerza, pero me lo creí e intenté vivir durante mucho tiempo con muy poca cosa. Un sitio abierto y un corazón abierto: eso me pareció importante.” Tom Waits

y hoy, para terminar, quien escuchando su canción me dio la idea para escribir en este espacio sin identificar…

Hoy he vuelto a mi mundo, al de verdad, con mi pequeña maleta de mano. Con mi pequeñas aventuras, con mis grandes sueños apretados dentro de mi pequeño espacio. En este pequeño espacio he ido recogiendo muchos pequeños recuerdos, vivencias, experiencias que siempre me acompañan allá donde voy. Es un saquito lleno también de instantáneas recogidas en momentos de felicidad, y porqué no decirlo, también en momentos amargos.

Este espacio lo llevo en mi espalda, como un pequeño fajito donde también hay un pequeño espacio para los pequeños trocitos de los sueños rotos, de hojitas de árboles caídas y recogidas en los senderos de la vida. No importa si no son los más bonitos, ni los más deslumbrantes, sólo me importan que son mis pequeñas gotas de realidad y de ficción que me ayudan a seguir adelante. No me importa si ahora pesa mucho, ya que del propio camino se irán cayendo aquello que no tuviera importancia, o que no sean verdaderos, o simplemente que se derretirán cuando pasemos por el camino en verano o se congelarán en los senderos de las montañas del invierno.

Siempre pienso en algunas personas cargadas de grandes bultos, donde guardan egos y propia idolatría que nos les hacen caminar ligero, no les permiten entrar en nuevos caminos ni conocer senderos lejanos y remotos, si no recorrer en círculo viciosos caminos ya muy pisados, muy caminados, muy complacientes… yo, mientras tanto, intentaré seguir caminando con mi humilde petatillo, con mis pequeños vicios y querencias, haciendo más corto y agradable el camino, buscando la sabiduría de los cantos rodados de los caminos remotos, las pajas ya secas en las tierras ya cosechadas, o quizá, alguna fruta dulce de verano sin recoger de algún remoto y extraño sendero…

 

Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarle el ánima. (Gabriel García Marquez)

 

Qué gran poema de Luis García Montero para cerrar este pequeño sendero….

Está solo. Para seguir camino…

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

Curiosos son los días de niebla. Permiten ver de cerca, en la distancia próxima, alejando los colores y atenuando la realidad cercana. No somos conscientes de lo más lejano, de lo inalcalzable, de lo invisible a nuestros ojos al disiparse en la lejanía disipada de la luz difuminada. La luz no es clara, el cielo no es azul, no permite que podamos distinguir donde está el foco de donde viene el calor, escaso, que no nos llega a calentar. Te moja la cara, te mantiene indefenso durante el tiempo que te acaricia suavemente, como una seda de agua que espera tocarte para dejar su agua como un lejano beso.

Pero aún más curioso es ver las olas de niebla, olas y ondulaciones que a lo largo del tiempo, confunden los valles, los llanos con lejanos mares, con remotos océanos de agua espumosa. En estos momentos, las laderas de la montaña son rompeolas donde la espuma que simula la niebla descarga su humedad invisible. ¡Disfruta del oleaje! Moja tu cara con las caricias de las olas de nubes, con la espuma de la niebla. Disfruta. Cierra los ojos y disfruta. Déjate llevar por aquello que no eres capaz de controlar, aquello que no eres capaz de ver, aquello que tan sólo puede disfrutar. Disfruta de las olas de niebla como de las sorpresas del destino. Dejate y permite mojarte…

 

La verdad es una antorcha que luce entre la niebla, sin disiparla. (Claude Adrien Helvétius)

Para cerrar esta entrada, que mejor Hermann Hesse y su siguiente poema.

En la Niebla

¡Extraño vagar entre la niebla!
Solitario está cada arbusto y piedra,
ningún árbol mira al otro,
cada uno está solo.

Lleno de amigos estaba para mí el mundo
cuando mi vida era clara todavía;
ahora que la niebla cae,
nadie más está visible.

Verdaderamente, nadie es sabio
si la tiniebla no conoce,
lo inevitable y silencioso
de todo lo aparta.

¡Extraño vagar entre la niebla!
Vivir es estar solo.
Ningún hombre conoce al otro,
cada uno está solo.