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Archivos Mensuales: junio 2012

Siempre es atrayente. Es algo que siempre está presente. Todas las civilizaciones la han adorado. Ahora, nosotros, también la estudiamos. En cualquier caso, siempre es atrayente.

Recuerdo aquellos atardeceres de mi infancia, cuando me iba con mi familia al pueblo de la alegría a merendar, y veíamos como, poco a poco, la luz iba difuminándose en tonos azulones y, detrás de La Muela, iba apareciendo blanca, grande, imponente la luna. Era como si fuera la estrella del espectáculo, esa gran diva de la naturaleza que, misteriosa, aparece por la noche para dar esa luz blanquecina y mística esa tonalidad gris que tiene la noche.

La luna con la tierra, junta y distante

La luna con la tierra, junta y distante

También hay poemas que tratan como elemento central a la luna. Os pongo este de Federico, que me parece una maravilla… aunque no sea la luna como astro lo importante de él.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol
!Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

De viaje. Siempre de viaje. Desde hace 5 años y medio nada es permanente. Todo es como si fuera un momento temporal para no perdurar. Es como cuando se mueven los muebles de una casa en mudanzas. Nada tiene un sitio definitivo, pero, de momento nadie ha cambiado su ubicación.

El problema o la suerte es que, hasta aquel cumpleaños, todo parecia inamovible, granítico. De repente, tu vida da un cambio tan grande que nada parece que fuera a perdurar. Todo cambia. Por eso, y ya antes en mi vida decidí que me encanta el viaje. Me encanta el recorrer cada día, cada hora, cada minuto o segundo un camino con un final indefinido… pero un final, al fin y al cabo.

Ya no me asusta los cambios de entorno. No me asustan los cambios laborales. Ya no preocupan los cambios de ubicación. Solo los compañeros que encuentras y son los más adecuados siempre para hacer este troquito de camino, y una pequeña mochila de experiencias, sentimientos y amores me acompañarán. Esa no se puede robar. No se puede perder por mucho que quieran. Además, siempre hay un camino, siempre hay una salida. Gracias a eso, sé que no hay un dueño de mi destino, ni un propósito capaz de detener mi río interior. No se puede vivir siempre en eterna incertidumbre, pero si recorriendo el sendero de la esperanza, el camino del destino.

Me encanta un poema de Antonio Machado. Siendo del sur, supo encontrar los sentimientos tan profundos que hay en los lobos mesetarios, crecidos en y con el frío.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Viviendo como eterno viajero, ligero de equipaje...

Viviendo como eterno viajero, ligero de equipaje…

Es dificil saber mirarse dentro. Es muy complicado ver nuestras miserias, nuestros anhelos frustados y por supuesto, la realidad tal y como es.

Dicen que los sabios ascetas del oriente se sientan en silencio para ser capaces de verse, de escuchar su cuerpo y la naturaleza existente alrededor. En esos momentos es cuando se percibe la pequeñez de las propias personas.

Silencio y la propia mirada

Silencio y la propia mirada

Hay gente que necesita constantemente oir ruido. No escucha, sólo percibe que no está en soledad, aunque esté escuchando la radio, aunque escuche los sonidos de la propia calle, del propio entorno. Lo sé porque me ha pasado. Un día me atreví a comenzar a escucharme y fue muy duro. No me he atrevido aún a seguir. Algún día lo volveré a hacer.

Un escritor ingles escribió sobre este tema y al volver a releerlo, se me ha ocurrido escribir esta entrada. Ahí van unas palabras de Mr. William Blake

Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.

No sé aún si estoy preparado para mirar fuera de mi pequeña caverna. Quizá me encuentre bien siendo pequeño.

He visto playas maravillosas, geniales. Siempre me ha parecido un sitio mágico. Es como la puerta a otro mundo. Siempre se piensa en las playas como un lugar de vacaciones, un lugar donde nos podemos bañar y estar a gusto.

Yo, aparte de verla así, la veo como una gran puerta a lo desconocido. Permite dar el paso de un mundo marino, con extrañas formas de vida, con extrañas sensaciones. Debe ser que no soy de mar, no estaré acostumbrado, pero cuando estoy allí, satura mis sentidos de sensaciones.

La ida y venida de las olas del mar

La ida y venida de las olas del mar

Todos los sentidos se encuentran en auténtica ebullición al estar en la playa. La vista no tiene más que descubrir las olas y la espuma que se genera con la mecánica constante de la desaceleración contra la arena. Ver como desaparece la fuerza natural que empuja al mar contra la tierra.
El olfato siente la cercanía al mar. Nota como el salitre se introduce en tus pulmones, dándole ese característico olor que a los del interior nos cautiva. El gusto, por su correspondencia natural, admite el olor y lo transforma en sabores; eso sin contar el recuerdo del sabor de tanta agua salada que hay a tu alrededor.
El tacto es un conjunto de sensaciones, desde la incapacidad de separar la arena, hasta el agua templada que pasa por los dedos.
He dejado para el final el oído. Desconozco el motivo, pero estar en la playa escuchando el susurro de las olas consigue hacer que viaje a estados mentales de tranquilidad absoluta; permite eliminar los pensamientos que vienen a la mente.

Seguiré intentando disfrutar de la playa y del mar.

Dicen que cuando uno realmente muere es cuando los demás le dejan de recordar. Cae en el olvido. Siempre había creido que lo peor que le puede suceder a una persona es perder los recuerdos, sus vivencias, las características que conforman la propia identidad.

Hay otra forma distinta de pensar en el olvido. Como siempre, los grandes escritores, en este caso es Borges, nos explica en este cuento donde trata con una especial dulzura el olvido, el perdón y el remordimiento. Este cuento está dentro del libro Elogio de la sombra

Borges y el elogio de las sombras

Borges y el elogio de las sombras

Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen.
Abel contestó:
-¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.
-Ahora sé que en verdad me has perdonado -dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.
Abel dijo despacio:
-Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.

Hoy me he acordado de un poema que me encanta. Me parece maravilloso por la forma que tiene de describir el mundo en que vivimos, con sus cosas buenas y malas. Me encantan las comparaciones con las cosas que ha visto, por el concepto de estar siempre en marcha, como la propia forma de entender el descenso rápido que supone la propia vida.

Tan sólo sé que gusta, no puedo decir más.

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

He andado muchos caminos...

He andado muchos caminos…

Quiero ser listo. Me encantaría ser muy inteligente y sabio para poder hablar de cualquier tema,… pero con criterio. Ahora, simplemente me dedico a intentar aprender de los que, por méritos, merecidos o no, además de la cercanía en pensamientos, me permiten entender mejor los hechos.

De pocos temas puedo hablar. Me parece que sigo siendo un conscientemente incompetente de todos los temas que trabajo habitualmente. Siempre conozco a alguien que sabe más que yo, o que en mi opinión, sabe más que yo.

Tan sólo me atrevo a dar una opinión desde mi punto de vista, siempre y cuando me pregunten, o que por distintos motivos se corresponda con mi trabajo. Hay temas de los que todos pensamos que sabemos, como el futbol, política, etc…, pero ese dominio no es real. Estos temas, como todo lo que tiene una parte subjetiva permite dar una opinion como absoluta, de forma que se crean esas discursiones en las cuales nadie cede por pensar que tiene la razón.

Por eso, de estos temas no voy a hablar. Creo que no valgo para hacerme tertuliano.