En la niebla…

En la montaña, la  niebla...

niebla en la montaña

Ocultando secretos con la blanquecina tela intangible, inrompible por la copa de los árboles

Me atemoriza la niebla en el campo. Noto ese temblor mental de enfrentarse a algo escondido mirandome a mí, acechando esperando saltar sobre mí. Depender de la vista es muy útil, pero cuando algo se oculta a los ojos, me asusta. No por un miedo misterioso, si no por no poder resolver de forma fácil lo que se oculta, lo que se esconde tras su cortina suave de blanquecina tela intangible inrompible por la copa de los árboles, por las cimas escarpadas.

Es algo ascentral ese temor. Aunque conozcas el lugar, en entorno o el paraje, cuando aparece la niebla deja en interrogante la completa resolución de una cima, de un valle, de un bosque. Está sin estar. Lo percibo, lo sé por la costumbre, pero no lo confirmo.

En la ciudad, la niebla…

niebla en madrid

La niebla en la ciudad oculta la estructura previsible y lineal, con cinética controlada y estática establecida.

Me permito el lujo de no asustarme. La cimas de los edificios no son ni serán accesibles para mí. Será por mi costumbre, será por la falsa sensación de compañía que puede producir la ciudad, pero percibes a la niebla como algo vencible, previsible pero no lo suficiente inorportuna para hacerme sentir temor. La niebla en la ciudad oculta la estructura previsible y lineal, con cinética controlada y estática establecida.

Como otras veces, voy a poner un poema, un poco largo en esta entrada ya larga. Es de Mario Benedetti y trata sobre la niebla.

Me cuesta como nunca
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara
sus tañidos
serían de un fantasma melancólico

la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe

la sangre mártir es apenas
una pálida mancha de rencor

cómo cambian las cosas
en la niebla

los voraces no son
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven

pero yo sé quién es quién
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú

la niebla no es olvido
sino postergación anticipada

ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como un lindo recuerdo
que se convierte en rostro

y yo sepa por fin
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas

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