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Archivos Mensuales: septiembre 2012

Uno, cuando viaja tiene lugares especiales. Lugares donde las gentes, las vistas, los olores, las sensaciones que recibe de los sentidos te hacen estar a gusto. Quizá sean sitios tan distintos a lo conocido, a los habituales, que le producen un nuevo estado receptivo, de aprendizaje o, quizá, de disfrute.

Por circunstancias variadas, quizá la casualidad, quizá por la afición a la bicicleta o a la montaña, quizá por las compañías, pero siempre el destino me han apuntado a Asturias. Estando allí, en un ambiente tan distinto al mío me siento como en casa.

asturias interior

Como no voy a encontrar el camino a Cangues de Onis o al conceyu de Cabrales donde el río Cares forma un cañón desesperado de colores blancos por la nieve, verde de bosque y gris de piedra hacia el océano salvador.

Como no voy a encontrar un camino que me lleve a Xixón y su playa de San Lorenzo para echar unos culines de sidra con los collacius en Cimadevilla.

Como el camino no puede pasar por las playas o acantilados florecidos de Rivadesella, Llanes, Colunga o cualquier pueblecito junto a su mar profundo, donde las olas y la sensación de abismo dentro del mar se hacen insondable.

Como no voy a encontrar un camino para subir el puertu del Palu y las vistas con mayor cantidad de colores verdes que uno pueda imaginar, salpicadas por vacas y pueblecitos o aldeas interiores que producen una sensación de inmensidad en tierra.

Como no voy a encontrar un camino para bajar al puerto de Cuideiru para encontrar el refugio de la mar montañosa cercana entre miles de colores distintos de cada casa.

Como no voy a encontrar el camino hasta las ciudades de Uvieu o Aviles y su señorio hecho de piedra esmaltada de la lluvia constante que actua como banda sonora de la estancia allí.

Como no voy a encontrar el camino a Cangues de Onis o al conceyu de Cabrales donde el río Cares forma un cañón desesperado de colores blancos por la nieve, verde de bosque y gris de piedra hacia el océano salvador.

Como no voy a encontrar un camino hacia Somieu y su laguna glaciar y su circo superior donde la copa rebosa de vida cuando la niebla misteriosa oculta y no deja traslucir su única belleza.

Como no voy a encontrar un camino a Belenus de Ponga y no poder contemplar sus abedules, sus castaños, sus fayeus milenarios como Peloño sin escuchar la constante conversación de El Roblón de Bustiellu y el viento con los lobos, osos y urogallos.

asturias mar

Como no voy a encontrar el camino para pasar por las playas o acantilados florecidos de Rivadesella, Llanes, Colunga o cualquier pueblecito junto a su mar profundo, donde las olas y las sensación de abismo dentro del mar se hacen insondable.

Miles de sitios, miles de lugares únicos, miles de experiencias y sensaciones por vivir en un entorno desconocido, inéditos verdes para mis ojos ocres, sentirse mínimo por el entorno, vivencias únicas dentro de una provincia, tan cercana en sentimientos y lejana por su apariencia. Siempre será un gusto volver.

Como no, después de haberla cantado multitud de veces, el poema que mejor representa Asturias es la cantada por Victor Manuel, escrita por Pedro Garfias

Asturias, si yo pudiera,
si yo supiera cantarte…
Asturias verde de montes
y negra de minerales.

Yo soy un hombre del Sur
polvo, sol, fatiga y hambre,
hambre de pan y horizontes…
¡Hambre!

Bajo la piel resecada
ríos sólidos de sangre
y el corazón asfixiado
sin venas para aliviarte.

Los ojos ciegos, los ojos
ciegos de tanto mirarte
sin verte, Asturias lejana,
hija de mi misma madre.

Dos veces, dos, has tenido
ocasion para jugarte
la vida en una partida,
y las dos te la jugaste.

¿Quién derribará ese árbol
de Asturias, ya sin ramaje,
desnudo, seco, clavado
con su raíz entrañable
que corre por toda España
crispándonos de coraje?

Mirad, obreros del mundo
su silueta recortarse
contra este cielo impasible
vertical, inquebrantable,
firme sobre roca firme,
herida viva de su carne.

Millones de puños gritan
su cólera por los aires,
millones de corazones
golpean contra sus cárceles.

Prepara tu salto último
lívida muerte cobarde
prepara tu último salto
que Asturias está aguardándote
sola en mitad de la Tierra,
hija de mi misma madre.

Para cantar con un culin de Sidra y los collacius astures….

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Hoy estoy muy contento. Los demás no han visto nada especial, nada que sea significativo ni saldrá en los periódicos. Para mí, para el fondo de uno mismo y mi autoestima si lo he conseguido.

Da igual lo que se publique, da igual quien lo comente, da igual como haya sucedido, me es indiferente, da igual quien se lo adjudique. Es el trabajo gris y duro lo que ha resultado. Ese que nadie quiere, que nadie le gusta hacer.

Nadie vendrá a darte las gracias, mucho menos las méritos o parabienes ,simplemente, a nadie le importará. Lo peor de todo es que ya ni siquiera lo espero.  No es comparable por el sacrificio, pero es como el soldado que al volver de una batalla, después de los sacrificios y el riesgo corrido (su propia vida), no le agradecen de ninguna forma su trabajo.

Me agrada ver como las ideas, los trabajos, el golpeo de la gota, día tras día, minuto tras minuto hubiera conseguido quebrar la piedra, hasta hace un tiempo invencible… pues se ha vencido y se resquebraja en miles de pequeños pedazos.

No es una victoria definitiva. Es una mera gota dentro de un torrente de hechos que nos avasalla diariamente, que no cambiarán las valoraciones de la multitud circundante… pero el perdedor sabrá que ante la indiferencia general tiene un exiguo rayo de sol que sólo él sabrá ver, que sólo él podrá sentir su calor cuando acaricie su cara dentro de la tempestad de la cual ni forma ni quiere formar parte.

Otros, los ganadores se apuntarán el mérito, mirarán de reojillo a los tristes perdedores que hacen el mundo posible, sin saber ni importarles que antes algunos perdedores fueron ganadores en potencia, seguramente mejor que ellos… quizá el perdedor algún día les sorprenda… o quizá no.. quien sabe….

perdedores

A partir de cierto punto no hay retorno posible. Ese es el punto al que hay que llegar. Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa.

Voy a poner un poema de un escritor sueco, de nombre Werner Aspenström que me parece genial para identificar como, aun con miles de victorias que consigan las perdedores, seguiremos perdiendo…..

¿Es que no va a acabar nunca la época bizantina
en que el emperador se sentaba en trono de oro,
los generales en sillas de plata,
en torno a mesas de crisólito
y hasta la servidumbre llevaba medallas al valor

y después de la cena se reunían todos  
en los jardines de los señores de la guerra
para escuchar a los ruiseñores
que dominarán con su voz el silencio
de los campos de batalla
y el de las ciénagas y el de los desiertos

con sus recientes huellas de los vehículos
que retiran los despojos de soldados
y los restos de mujeres y de niños?

Ayer ya hablé del viento del norte que eriza las palabras. Hoy voy a hablar de la lluvia que calma el viento y templa los ánimos.

Quizá porque no he crecido en un sitio donde la lluvia fuera habitual, hace que los temperamentos sean más duros, menos templados. Los negros hielos son opuestos a la suave lluvia. Es cierto que ver las nubes acercándose silenciosamente en tu dirección, inexorables como el inevitable fin al que estamos expuestos todos sin ningún tipo de solución.

Ahora, en verano, cuando comienza a llover, me encanta notar como ese olor a tierra mojada liberada por las primeras gotas invade mis secos pulmones y consiguiendo hacerme gozar de estos momentos donde el olor a ozono invade y da sentido a todo el entorno, conjuntamente con la pérdida de luminosidad por las nubes. Es como un sentimiento dulce, casi como llenar la boca de esos algodones de las ferias.

Quizá ya porque soy más mayor y me da una tonta vergüenza (aunque muchas veces suelo hacerlo al estar sólo) y empieza a llover, abro los brazos en cruz y miro al cielo con los ojos cerrados. Creo que lo vi en alguna película cuando era muy pequeño y al hacerlo, me agradó tanto que lo guardo como secretos propios en mi cajita de recuerdos. Es una sensación genial sentir como las gotas, al caer, golpean suavemente el rostro, haciendo rodar sobre la cara, como tíbias lágrimas de alegria, todas y cada una de las chispas de lluvia.

lluvia

No perdáis vuestro tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vivid vuestras horas, vuestros minutos. Las alegrías son como flores que la lluvia mancha y el viento deshoja.

Voy a parafrasear a Fernando Pessoa y su poema de la lluvia.

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda…

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego…

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece…

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente…

Ya se termina el verano. Ayer lo noté al levantarme y asomé la cabeza por la ventana. Se ha ido, se lo ha llevado el viento…. viento, viento del norte que sopla y atemoriza por su fuerza, por los ruidos incontrolados producidos en las cosas más comunes.

Viento, viento, acariciame la cara y deja que sienta como mi calor se va contigo, al fin del mar y del océano, lo mismo que hiciste con el sol del verano, que lo guardaste más allá de la playa y de las montañas del sur para liberarlo cuando ya no quieras volver, cuando ya consideres tu trabajo acabado, cuando no haya más nieve que echar en los neveros de las montañas, cuando tu primo aragones, el cierzo, ya no quiera correr por Los Monegros, o cuando la tramontana del Pirineo quiera dejar de salir por el desfiladero que lleva a Escala y no llegue con las nubes del océano del oeste.

Viento, sigue soplando, continua empujando las veletas apuntando al sur. Sigue manteniendo las cometas de los niños levantadas y limpiando el aire de mi cuidad; mantente fuerte mientras corro por el parque haciéndome dificil abrir los ojos, tanteando el camino tantas veces pisado.

Viento

Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.

Viento, sopla, que abriré mis ventanas para que animes y limpies mi casa, como dice la canción de José Mercé.

Sobre el viento se han hecho miles de poesías. Me gustan mucho, pero voy a poner una de Luis Cernuda del viento y del mar.

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

Tengo que escribir esta entrada por la cantidad de recuerdos que tengo de la vendimia.
Mi sangre es agua del Duero. Mi padre y mi madre son de esa tierra dura y complicada, capaz de dar un sentido especial al concepto de castellano. De allí vengo y allí debo terminar.

Desde que tengo uso de razón, por todas estas fechas he estado rodeado de cepas, de vides bajitas que ofrecían un fruto oculto entre ramas y grandes hojas. Manchado de polvo y entre los cantos rodados he corrido de pequeño y sudado de mayor, recogiendo el pequeño puñado de uvas aprisionada en los racimos de verdejo, o la uva tinta más grande como esmeraldas dulces esperando a ser recogidas por el intrépido recolector armado por su corcheta o simplemente por la mano ya callada.

Seguía siendo una fiesta. De trabajo muy duro pero una fiesta. Si había calor, por el calor y si hacía frío por el dolor de los dedos después de trabajar, haciéndote recordar hasta el último corte hecho con la mano. Mis padres, mi hermana, mis abuelos con los tíos y primos conseguían hacerte sentir parte de un algo muy antiguo. Algo que no se podrá romper y que siempre estará en mi alma, en mis recuerdos, en mis sueños de los primeros rastros del otoño.

Después, ya de mayor, he conocido a gentes que hablaban del vino como quien habla de una especialidad. Lo beberán, lo analizarán como una ecuación diferencial, pero jamás, jamás, entenderán ese grupo que formabamos todos y que, alrededor de una bota de cuero y el vino casero con una rodaja de chorizo. Nunca lo entenderán si no lo han vivido. Me hablaron de rastros de cabernet y matices ocres, pero nunca sabrán a qué sabe el mosto recien pisado.

vendimia

Vela Zanetti y su vendimia

Me encanta este relato corto. Lo encontré un día por casualidad en internet y es de Marcela Muñoz…

Pan

Es casi seguro que llegará, y no sabré muy bien cómo voy a transmutarme. La miraré un rato, bajo la lámpara del parral mientras se cuela el lucero, buscando tus marzos trotamundos de tantas uvas singulares. Para asegurarme que es ella y no otra, escucharé sus álamos amarillos para asegurarme que soy yo y no otra, no lloraré sobre las añoranzas. Domingos blancos, sábados tintos, perlas rosadas, no lo sé. Llegará con su Carbernet a cuesta, o su Chardonay entre hebillas, una copa a medio servir, una copa a medio tomar. Sobre los cerros cordilleranos, Homeros danzan el habeas corpus del teatro con fuegos artificiales, quijotescos estribillos, y la luces alquimistas hinchan los sonidos de las voces que no callan. Llegará la Vendimia. Durante siempre.

El otro día, pensaba en el atasco madrileño de cada día sobre temas que me encantaría describir en el blog. Me surgió éste, al cual considero un pilar fundamental en la vida, en las relaciones con otras personas de distinto sexo. Voy a intentar explicarlo, aunque quizá no lo haga muy bien…

Quizá ya sea sexo levantarme junto a tí cada mañana.

Quizá ya sea sexo abrazarte cuando estás mal, cuando no salen las cosas. Sentir que estamos juntos, rozar mi mejilla con tu cara parando las lagrimas al caer.

Quizá ya sea sexo mirarte cuando subes con las bolsas de la compra y ayudarte para repartir mejor los trabajos de casa. Quizá ya sea sexo. Quizá lo sea verte vestirte cada mañana con la luz de los primeros rayos del sol, mirándote coqueta al espejo.

Quizá ya sea sexo acariciarte el pelo y hacer que los brillos sean como el reflejo de la luna en el agua. Quizá ya sea sexo.

Quizá ya sea sexo cocinar juntos, mancharnos y embadurnarnos las manos juntos mientras hacemos algún dulce que comemos dando a probar uno al otro. Quizá ya sea sexo.

Quizá ya sea sexo susurrarte un poema de amor mientras sonries tumbada en la cama junto a mí.

Quizá ya sea sexo poner un tango en casa mientras hacemos la cena y bailarlo como si fueramos profesionales y el roce de nuestro cuerpo genere chispas al seguir mirándonos a los ojos.

Quizá ya sea sexo besarte en los labios y recorrer con las yemas de mis dedos templados tu espalda desnuda, produciéndote la piel de gallina como si un témpano de hielo te rozara. Quizá ya sea sexo.

Quizá ya sea sexo recorrerte con los labios el atlas completo de tu anatomia, haciéndote notar la ternura y la pasión de cada uno de nuestros poros de piel, sintiendo la explosión de sensaciones abrazado a tí como si fueramos unas ramas entrelazadas en un frenesí, haciéndonos justo en ese momento sólo uno. Quizá ya sea sexo.

Quizá ya sea sexo. Yo sé que es cariño, pasión, respeto, comprensión, complicidad y confianza, y.. quizá sexo.

abrazados

Quizá sea sexo…

Este verano me leí un libro que ha salido fuera de mis temas habituales, aún siendo un escritor de mis lecturas habituales. El escritor en cuestión es Miguel Delibes y el libro Señora de rojo sobre fondo gris.

Señora de rojo sobre fondo gris

“Ella era equilibrada, distinta; exactamente el renuevo que mi sangre necesitaba.”

Trata sobre el amor maduro, sobre como envejecer e intentar ser féliz, de relaciones familiares que parecen tan sólidas que un día, por algún motivo externo, se rompen. Principalmente (será porque me estoy haciendo mayor) me preocupan el como envejecer y las relaciones maduras.

El libro muestra como ese propio decaimiento hace surgir nuevos formas de cariño, de amor, de clarificar lo realmente importante; como vamos modificando y corrigiendo errores, tal y como pide en este párrafo.

Es una de las limitaciones más crueles del ser humano. La vida sería más llevadera si dispusiésemos de una segunda oportunidad.

O la forma de explicar como se sobrellevan desgracias que producen un hondo vacio en la persona amada, en la persona querida

Es claro que son visiones producidas por el alcohol, pero me valen: ya no puedo vivir sin esas visiones; lo que nunca consiguió el alcohol es borrar el recuerdo de aquel beso de hielo sobre se frente muerta.

También comentarios sobre las formas de ser, las formas de relacionarse con su par son capaces de generar, tras un periodo de análisis no elegido, características o acciones de la otra parte, aportándose un valor incalculable durante la relación mantenida.

Quizás fue su capacidad para sorprender lo que me deslumbró de ella, lo que a lo largo de los años me mantuvo tenazmente enamorado de ella.