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Archivos Mensuales: octubre 2012

En mi tierra nunca se ha celebrado Halloween. Nunca se ha celebrado una noche donde los difuntos pasearan y se dedicaran a dar sustos a los vivos. No había esa costumbre, aunque, quizá, en la noche de los tiempos se celebraba, en estos primeros días de frío, de desconsuelo y de la muerte del campo, algún tipo de ritual.

La noche caída cada vez más temprana, el frío, la sensación de intemperie azotada por vientos fríos del norte cuando en la cara nos golpean suavemente las hojas arrancadas de los árboles, las sombras formadas por la apenas visible luna nueva en campos abiertos nos dan sensación de temor. Es inevitable. Además, los ancianos sabios siempre hablaban que muchos morían por la caída de la hoja. Era el periodo de caer, de morir, de extinguirse lentamente como el fuego rodeado ya de cenizas.

Es una sensación gris la que se expande por nuestro entorno. Sólo se suaviza al ver las hojas amarillas en sus primeros estadios antes de caer con esos tonos marrones mortecinos. Todo se ralentiza, se agudiza la muerte temporal y anual que es el invierno crudo. Es una sensación de desamparo ante el frío, de gris generalizado, de vestirse de negro.

otono

“No es que atardezca es que la lluvia es noche: otoño en la ventana.” Io Sogi

Creo que la poesía nos hace sentir. Siempre pensamos en poemas de amor o desamor, en sentir el entorno o las acciones más habituales, más comunes o quizás, como forma de explicación, más floridas. Creo que los románticos exploraron con poemas trágicos la vida, pero, en fechas como hoy, recuerdo este poema atribuido a Jose de Espronceda (y muy repetido por mi padre), que es el canto a la desesperación.

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello…
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!

De la familia propia no suelo hablar mucho. No hay muchas entradas sobre nada familiar o personal. Mejor así. No importa quien o a quien escriba. A mí sólo me importa el motivo, el sentimiento a lo que me refiero, las circunstancias vitales que hacen escribir.

Hoy voy a hablar de alguien especial. Es mi hermana Male y tiene nombre de tango.

Tengo mi primer recuerdo en una mañana luminosa y yo jugando con un cochecito al lado de mi abuela, cuando, de repente, en aquellos teléfonos grandísimos llamó alguien. Fue mi padre para avisar que ya había nacido mi hermana. Dejé el cochecito y me fui a ponerme la chaqueta, porque estaba seguro que iría a verla, a jugar con ella. Mi padre me vino a recogernos y, escondido entre abrigos, subí a ver a mi madre y a mi hermana en su fría incubadora. Cuando la vi, me di cuenta que no podía jugar con ella, no podía hablar con ella. No era mi compañera de juegos. Desde aquel momento, con sus mayores y menores tensiones, con besos, con discursiones, con recuerdos, con vivencias juntos, siempre ha estado allí como ella conmigo. Quizá no habré sido un gran hermano, no sé si mediamente bueno. He intentado hacerlo lo mejor posible, aunque me he equivocado millones de veces. En cualquier caso, estoy a tu lado y lo estaré incondicionalmente.

“Una hermana es la que te da su paraguas en la tormenta y después te acompaña a ver el arco iris.”

Hoy voy a hacer algo especial. No lo he hecho nunca, pero me parece un buen motivo. Voy a “versionar” un gran poema de Julio Cortazar, que dedicó al Che titulado “yo tuve un hermano”. Pues yo lo voy a retocar un poco (Don Julio, es por un buen motivo) y se va a llamar “yo tengo una hermana”.

Yo tengo una hermana
no nos vemos nunca
pero no importa.

Yo tengo una hermana
que iba por los montes
mientras yo dormía.

La quiero a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua.

Camino de a ratos
cerca de su sombra
no nos vemos nunca
pero no importa.

Mi hermana despierta
mientras yo duermo.
Mi hermana mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Por eso, por todas estas cosas, cuenta conmigo.

Necesito hablar sobre un tema que cada cierto tiempo me da por pensar. Es sobre la libertad y sus implicaciones a varios niveles. Esta entrada va a ser a nivel emocional.

Me tiene preocupado como es posible que cuando se quiera a alguien, haya gente que no lo quiera en libertad, sin ataduras ni presiones. Cuando se quiere, se debe cuidar a lo que se quiere, con cariño, con dulzura, intentando dar lo máximo posible. Lo das sin esperar recibir, sin esperar nada a cambio, con la libertad (perdón por lo redundante) que es hacerlo sin obligaciones. Creo que a esto se le llama querer.

Cuando haces eso, lo haces sabiendo que, como algunas cosas en la vida, puede ser rechazado, no reconocido, ni siquiera valorado por la otra persona. A nadie le gusta que le pase eso, aunque creo que a todos nos ha pasado. No se puede obligar a tener un sentimiento, a mantener una ilusión, a renunciar a una vida no deseada, a una compañía no anhelada. Los sentimientos no tienen reglas ni normas.

mujer libre

“La libertad es un sentimiento, es el gozo del corazón cuando rigen en la vida los dictados preclaros de la mente.” José Figueres Ferrer

Por eso, como dice en su poema Agustín García Calvo, Libre te quiero. Sin obligaciones, por tu voluntad de querer compartir. Por tu voluntad de querer construir. Con coacciones no puede ser uno mismo quien es, de quien te has enamorado. Por eso, tan sólo así, Libre te quiero.

Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Aunque no lo puedan leer, Libre os quiero a todas las mujeres que sufren maltratos machistas.

Hace tiempo que quería escribir una entrada sobre mi héroes particulares. Ayer tuve la suerte de reencontrarme con alguien que, puedo decir abiertamente, me enseño a vivir. A vivir el día a día.

No sé si él algún día lo podrá leer, o si sabrá que va dedicado a él. Se llama Santi y es de Teruel. Hace ya tiempo tuve el gusto y honor de trabajar con él, de estar junto a él. El entorno donde trabajabamos era serio y no muy abierto a alegrias, pero él, con su forma de ser, con su forma de vivir, nos alegraba a todos. Simplemente, por hacer la vida más feliz a los demás, ha sido y será uno de mis ídolos.

Todas la mañanas, todas sin excepción, entrabamos a trabajar. Normalmente a estas horas no estás muy animado. Siempre saludaba a todo el mundo, de forma genérica. Santi no. Iba uno a uno y, con una sonrisa inmensa nos daba los buenos días y nos preguntaba por, en apariencia, las más mundanas de las consultas. Son esas consultas que, día a día, nos van surgiendo y que nadie tiene en cuenta menos uno mismo. Ahí la diferencia. Él si las tenía en cuenta, te hacía sentir especial. Te ayudaba y te intentaba animar siempre a hacer cosas, a aprender, a intentar superarse día a día. El otro día me di cuenta que sigue así.

sol-nubes

Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.

Ojalá que te vaya muy bien. Espero que hagas tan especiales a los demás como me lo hiciste a mí.

Esta entrada me recuerda esta maravilla de Mario Benedetti.

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Creo que la mayor complejidad que tenemos los hombres es entender a las mujeres.

Los chicos de mi generación tuvimos la suerte de poder convivir y compartir nuestros primeros años de vida con mujeres. Siempre tuvimos más mujeres que hombres cerca. Ahora puedo apreciar la maravilla que fue crecer con mi madre, siempre preocupada por mis quehaceres, sin pedir nada a cambio más que cariño. Espero que ya de mayor, por lo menos sepa que tiene todo mi reconocimiento, todo mi cariño y comprensión por aquello que hizo por nosotros. Ella fue el pegamento familiar y no como hecho a propósito. Lo hizo y jamás dudó en hacerlo.

Ya más de mayor fueron las amigas las que fueron imposibles de comprender. Creo que los niños llegan a un momento donde es imposible que entendamos nada que no sea muy cafre. También pasa con la edad aunque tenemos siempre en mente un ramalazo de cerrazón muy masculina. Lo importante, creo, es controlarlo.

Siempre he intentado ser una persona con capacidad de ponerse en la camisa del otro, del opuesto y lejano. Los psicologos creo que lo llaman empatia. Con las mujeres lo sigo intentando. Sigo intentando comprender sus patrones, sus criterios, sus gustos, sus auténticos motivos para hacer cosas. En cosas son cercanas, pero en otras muy lejanas, incomprensibles para mí como el chino mandarín, pero, curiosamente, con el paso de los años, las percibo como más humanas.

mujer

La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.

Por ejemplo, simplemente voy a poner una maravilla de Rosalia de Castro que se llama Negra Sombra, que espero os guste tanto como a mí.

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
vuelves haciéndome burla.

Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el murmullo del río
y eres la noche y eres la aurora.

En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mí misma moras,
no me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

Voy a escribir sobre algo que la primera vez que lo escuché, me impresionó mucho.

LaMari y yo hicimos un viaje al sur. Al lugar donde, no por ser desconocido, nos dejó de transmitir. Vimos sus campos encharcados y sus montes de encinas llenos de vida, y claro, como no, campos ondulados de miles de olivos con sus ramas verdes esparcidos por todos los terrenos visibles.

olivos andalucia

¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos! Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, pregunta mi alma: ¿de quién, de quién son estos olivos?

Como no imaginarse a estas gentes hace años, con unas condiciones duras, con tiempos fríos en el duro invierno y secos con mucho calor en verano, en un entorno hostil, con sus ganaderias.

Aparte de intentar sobrevivir, me puedo imaginar a los pastores con sus rebaños comiendo los ramales y plantas por las olivas o en el monte de encinas, caminando con el cayado en la mano, sintiéndose cercanos y unidos a esta tierra preciosa y a la vez, dura como la roca.

Por eso, ya en nuestra época, con los avances en miles de aspectos, pero aún accesible a esta tierra dura, me sorprendió ver un tipo de cante jondo muy profundo. Quizá una de las expresiones de sentimientos humanos más puros. Un flamenco sin más instrumentos que un cayado golpeado contra el suelo y unas plantas. El silencio, el cante y, simplemente la estética, producen una confusión y mezcla de inquietudes o sentimientos que merece la pena sentir.

Como muchos no lo habeis visto o sentido, por lo menos que veais como podría ser un ejemplo.

Como este blog, como todo en la vida, siempre hay que dar un paso atrás. Dar pasos atrás hasta reconocerse en algo genuínamente propio.

Últimamente he estado escuchando música y leyendo muchos libros de una cultura ya cercana como es la anglosajona, pero no propia.  He utilizado muchos poemas de escritores americanos ultimamente. Este fin de semana he vuelto a mi entorno, a mis raices flamencas y castellanas, a mi cultura.

Además, he vuelto a tener una referencia de Federico García Lorca. Por ese motivo, por su forma de entender el flamenco y todo lo relacionado con algo tan marginal como era el flamenco y, en especial, el cante jondo. Dijo Camarón de la Isla que el flamenco no es más que una forma de liberar y de expresar la pena, porque toda la vida es un constante de penas y alegrias. Yo, sin quitarle un ápice de acierto, añadiría que también representa la alegria de la gente llana, humilde y con sentimientos puros.

Cuando uno se deja guiar, cuando uno se deja liberado en un entorno flamenco, el sentimiento se percibe, está a flor de piel, está tan cercano que los palos, los taconeos de las botas elevan a los que sentimos con ellos a otro nivel, a un nivel de acercamiento con aquellos que lo interpretan que consiguen hacer sentir la alegría, la ilusión y lo que es más dificil, la pena y el desconsuelo.

flamenco

El flamenco siempre es un pena, el amor es un pena tambien. En el fondo, todo es una pena y una alegría.

Os voy a poner un poema de cante jondo de Federico García Lorca, que da un paso más en el acercamiento entre los culto y lo flamenco.

El paso de la seguiriya.

Entre mariposas negras,
va una muchacha morena
junto a una blanca serpiente
de niebla.

Tierra de luz,
cielo de tierra.

Va encadenada al temblor
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.

¿Adónde vas, siguiriya
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?

Tierra de luz,
cielo de tierra.