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Archivos Mensuales: febrero 2013

Siempre he pensado en avanzar. En seguir hacia un futuro incierto con ideas preconcebidas en mi interior, en mi alma de soñador. Quizá sea por algún matiz bohemio de mi personalidad, permito a las ideas volar, escapar y avanzar hacia un futuro incierto.

Me gusta pensar en futuros imaginarios, en futuros geniales capaces de hacer real anhelos presentes. En cambio, otras veces, por mi soñador que intentes ser, uno tiene que dar marcha atrás; volver a caminar cada uno de los pasos en falso. ¿Esto es perder el tiempo? No, nunca lo ha sido y nunca lo será. Si lo importante es alcanzar la meta, posiblemente se pueda ver así. En la vida, como creo que lo importante es el camino, el esfuerzo en llevarlo adelante, esos pasos atrás son una mirada retrospectiva a la vida vivida, a los esfuerzos ya realizados, a las vivencias ya pasadas.

Además, volver a atrás, volver a repensar las cosas, volver a plantear las ideas, puede parecer una equivocación. Un necio lo valoraría como un retraso irremediable, mientras que, el humilde y sabio, reaccionará como una nueva oportunidad de repetir aciertos y solventar errores. Ojala pudiera volver a caminar con la mochila ya llena sobre los caminos ya pasados. Es imposible y ya no se puede hacer, por las gotitas de agua o los granitos de arena que componen ese reloj de arena, con tiempos relativos que es la vida. Lo importante no es avanzar, si no encontrar un camino por donde no parar….

El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.

El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.

Como siempre, voy a intentar poner un ejemplo de esto que he explicado con un poema de Mario Benedetti. Espero que os guste.

A tientas

Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas/ vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.

Muchos días sueño viajes. Las noches en mi cama, junto a mi Mari, cuando la conciencia desaparece y aparece otra distinta, los sueños me llevan a lugares remotos.

Lugares remotos o cercanos, paraisos inexplorados o pisados más de mil veces, separadas por pocos kilométros o por muchas horas de avión. Será por eso que estos viajes sin salir de casa los llamo viajes internos. Quizá sean ilusiones, quizá sean propuestas a mi propia conciencia, pero son repetidos, maravillados por su cercania o lejania.

Quizá sea las ganas de irme, de desaparecer, de perderme en estos lugares sin ningún pudor, sin ocultar de donde vengo, de donde soy. No pensar en las experiencias pasadas como freno, como remora, como tope de una caída hacia un nuevo lugar que nos encamina hacia un nuevo buzón de nuevas ideas, hacia más aprendizajes de experiencias que enriquecen nuestras vidas.

Estos sueños son otro signo; otra señal lanzada desde el interior de uno mismo. Es el aviso de que la partida de donde estás ya está próxima. El banderín de salida hacia una nueva carrera en otro lugar, en otro sitio donde el dibujo mental esté por formar, donde esté por definir dentro del libro de nuestras propias vidas aún por escribir, aún por describir. Mirando hacia adelante con esperanza y con alegria; mirando atrás con cariño….me quedaré con eso…

El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día

El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día

Como viajero interno, William Blake es todo un ejemplo, como un pedacito de este su poema….

El viajero mental

He viajado a través de un país de hombres,
un país de hombres y también de mujeres,
y he oído y visto tan horrendas cosas
como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido.

Porque allí nace en la alegría el niño
que en el atroz dolor fue concebido,
tal como en la alegría cosechamos el fruto
que fue sembrado en lágrimas amargas.

Y si el recién nacido es un varón,
es entregado a una mujer anciana
que lo clava tendido en una roca
y en copas de oro coge sus lamentos.

Con espinas de hierro cierne su cabeza,
y agujerea sus pies y sus manos,
corta su corazón y lo desprende
para hacerle sentir calor y frío.

…..

Versión de Luis Oyarzún

Quizá sea un problema de mi generación, o quizá porque yo no soy capaz de diferenciar las cosas lejanas de las más cercanas, lo remoto en el tiempo a lo cercano. ¿Qué criterio usar? Alguien un día me dijo que debíamos comparar con las personas cercanas y su edad, para saber cuanto tiempo es y una medida es la vida de una persona.

Hace 73 años murió escondido en un pequeño hotel en una ciudad fronteriza alguien que, sin poder conocer en persona, para mí es muy cercano. Alguien que dió su vida por unas ideas, alguien que escribió lo que sintió, que luchó por sus ideas. Alguien que huyó por persecución de sus ideas. Ahora mismo, por suerte, parece lejano, pero sólo hace 73 años. Solo 73.

Solo hace 73 años huyó con su madre desterrado, huyendo y humillado arrastrando sus pertenencias por carreteras destruidas y esperando no ser cazado como un conejo por algún victorioso soldado. Alguien que se escondía con su petate cuando un avión victorioso volaba raso ametrallando a personas inocentes, a personas indefensas. Sólo 73.

Solo hace 73 años no se podía hablar, no se podía ser diferente, no se podía pensar de forma libre y mucho menos expresarlo. Solo hace 73 años, Francia recibió el exilio de miles de españoles expulsados de sus casas, de sus pueblos, de sus familias, marcados para siempre y huyendo hacia un lugar desconocido, inhóspito, incomprendido. Hoy hace 73 años murió Antonio Machado. Solo 73.

Ni el pasado ha muerto ni está el mañana, ni el ayer escrito.

Ni el pasado ha muerto ni está el mañana, ni el ayer escrito.

Por supuesto, hoy el poema es suyo a mi norte. Alguien capaz de sentir esta sensibilidad ante un árbol seco junto a un río, es especial. Va por él y por todos los que murieron por defender nuestra libertad, o estuvieron marcados toda su vida.

A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Hoy he visto una de esas maravillas cercanas que podemos ver si nos fijamos. En medio de los campos inertes por los vientos del norte y el hielo negro han aparecido los primeros puntos de color, las flores de un almendro.

Son una auténtica maravilla fijarse y ver como de secas ramas, de yermos entornos atormentados por el invierno impasible, aún con el dolor de la tristeza de poca luz y de nubes negras raseando a los árboles pueden surgir pequeños ánimos marcados como florecillas delicadas. Como ante la fuerza más dura y despiada pueden aparecer pequeños atisbos de alegria, pequeñas esperanzas hechas de pétalos blancos pequeños, casi minúsculos.

Es un ejemplo natural de un hecho que se repetirá en todos los aspectos de la vida. Aunque todos los argumentos estén a favor de una decisión, aunque todas las fuerzas se inclinen hacia una decisión, aunque todos los signos indiquen un resultado, siempre aparece una pequeña esperanza, siempre aparecerá una voz discordante, siempre surgirá una flor reevindicativa, siempre quedará una esperanza, la del almendro en flor frente al viento de mi norte.

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.(Pablo Neruda)

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.
(Pablo Neruda)

Este ejemplo de florecer, no he sido yo el primero en verlo, ni en escribirlo. Voy a romper una lanza por un tipo de poesía que no había puesto en el blog. Es un poema del japones Kobayashi Issa (los llaman Haikus pero no son más que sentimientos llevados a papel), que se llama primavera…

Primavera

En cada puerta,
La primavera ha empezado
Con el barro en los zuecos.

La primavera ha llegado
Con toda sencillez:
Un ligero cielo amarillo.

Cuando envejecemos,
Incluso la duración del día
Es causa de lágrimas.

Click, clack,
El hombre se acerca en la niebla. –
¿Quién es?

También hoy, también hoy,
Viviendo en la niebla,
Una pequeña casa.

Un día de niebla y bruma:
Sin duda los Habitantes del Paraíso
Están aburridos y lánguidos.

Flores de cerezo en la noche!
Cómo ángeles
Descendiendo del cielo.

Después de que oscureciera
Quise cambiar
La manera cómo lo injerté.

Una hermosa cometa
Se alza desde
La barraca del mendigo.

La urraca
Se limpia sus patas lodosas
En las flores del ciruelo.

Pequeño gorrión,
Apártate, apártate del camino,
El señor Caballo se acerca.

Un exhausto gorrión
En medio
De un montón de niños.

Echar arroz también
Es un pecado:
Las gallinas se pelean entre ellas.

El cervato
Se quita de encima a la mariposa,
Y sigue durmiendo.

La mariposa revoloteaba
Como desesperada
De este mundo.

La mariposa voladora:
Yo me siento
Una criatura del polvo.

No parece
Muy ansioso por florecer,
Este ciruelo en la puerta.

Nosotros, seres humanos,
Retorciéndonos entre
Las flores que se abren.

¡Qué extraño,
Estar tan vivo
Bajo las flores del cerezo!

Flores esparciéndose :
El agua que queremos beber,
En la niebla, lejos.

En la caída de las flores,
No ven ningún Buda,
Ninguna Ley.

Bajo la luna y las flores
Cuarenta y nueve años
De infructuoso vagabundeo.

Simplemente confía:
¿No revolotean así
También los pétalos?

De pequeño me fascinaban los espejos. Me encanta mirar al balcón del otro lado. Era asomarse a un mundo muy real, sin dejar de serlo. Creo que la forma de ser consciente de uno mismo es identificarse en un espejo.

Siempre intentaba mirar de tal manera que sin verme, veía el nuevo universo ya visitado que habitaba en mi espalda. Era una magia tan complicada, era un evento tan asombroso que permitía abrir el mundo en dos, acercar lo lejano y alejar lo cercano. Siempre veía un nuevo ángulo que hasta este momento no había visto.

Ya de mayor, empecé a pasear por el pasadizo del gato en Madrid. Allí Valle-Inclán pensó que la realidad tenía muchas visiones, muchas diferencias, muchas deformaciones que hacen a la mente confundirse, equivocarse, alterar los estados… y simplemente con una pequeña deformidad de una lente, con una curvatura ligera e infima que conforma nuestra distorsionada visión de la realidad.

 Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.(Julio Cortázar)

Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.(Julio Cortázar)

Cuando hablo de espejos o reflejos, recuerdo siempre a Jorge Luis Borges y este poema…

Los espejos

Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos

sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita

Y ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa,

Hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos.

Espejos de metal, enmascarado
espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
ese rostro que mira y es mirado,

Infinitos los veo, elementales
ejecutores de un antiguo pacto,
multiplicar el mundo como el acto
generativo, insomnes y fatales.

Prolonga este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña;
a veces en la tarde los empaña
el Hálito de un hombre que no ha muerto.

Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.

Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
leemos los libros de derecha a izquierda.

Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.

Que haya sueños es raro, que haya espejos,
que el usual y gastado repertorio
de cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.

Otra mañana más me he encontrado niebla al venir al trabajo. No me gusta la niebla por la mañana. La mañana debe ser la claridad, la luz que ilumina el trabajo diario, la claridad que ilumina las ideas buenas, las que tienen un valor y un sentido llevar a cabo.

En cambio, por la tarde y la noche me encanta. Me encanta el misterio de la imposibilidad de mirar adelante, de no ver lo más cercano, de incorporar la sorpresa en el paseo nocturno, en la vida que transcurre fuera del sol. Es un misterio más añadido en la liturgia de la nocturnidad, de las reglas evaporadas por la ocultación de la identidad. Me encanta la niebla.

Me siguen gustando ver a la gente escondiéndose y sintiéndose vulnerable en la noche. Buscando referencias facilmente visibles en el día, pero oculta por la falta de claridad, confundida por una amalgama de grises que empañan la vida, que la confunden haciendo lo blanco en negro y al revés, donde todo cambia de tono de gris, pero sin aportar más claridad que la luz de gas cercana.

Niebla, ocultamos en tus almohadas de algodón. Niebla, ocultame a la visibilidad de esta sociedad enferma de representación y no de ideas esenciales….

Me encanta un poema de Paul Auster que trata sobre la oscuridad y la niebla.

Cada hombre contiene varios hombres en su interior, y la mayoría de nosotros saltamos de uno a otro sin saber jamás quiénes somos.

Cada hombre contiene varios hombres en su interior, y la mayoría de nosotros saltamos de uno a otro sin saber jamás quiénes somos.(imagen de Paul Auster por Antony Hare en 2005)

Inmune al gris suplicante…
Inmune
al gris suplicante
de la niebla, fue el odio
-el odio, pronunciado mañana
y tarde en el alero-
quien te mantuvo cerca. Sabíamos
que sólo la ebriedad
había hecho al sol
arrastrarse por las persianas.
Sabíamos que un vacío
aún más profundo
era construido por gaviotas
que barrían sus propios gritos. Sabíamos que
sabían
que el aterrizaje era espejismo.
Y que esperaba
desde la hora primera en que
yo había venido a ti. Mi piel,
estremeciéndose bajo la luz.
La luz, hecha añicos a mi tacto.

Siempre queremos pensar que hacemos cosas y pensamos que son perdurables, estables. Quizá pensemos en la perdurabilidad de las acciones y como si el tiempo fuera un torrente de agua rozando la piedra en medio del río.

Algunas veces pienso en el cruce de caminos que recorremos en nuestra vida. Cuando estamos en estos puntos mágicos, donde los caminos se pueden recorrer en cualquier sentido, en cualquier dirección, la imagen durará en este punto en mismo tiempo que estemos allí esperando. Es la relación del tiempo y las acciones, del tiempo como criterio de permanencia.

Me encantaría pensar en que nuestra existencia, nuestras ideas y criterios durarán, y quizá, a alguien le agradará saber que vivimos, que nos relacionamos con un mundo que cuidamos para un futuro incierto, que los sentimientos durarán y perdurarán como nosotros ahora podemos leer un poema de hace 200 años y sentir muchas cosas de un autor lejano en el horizonte del tiempo.

Vivamos, sintamos, compartamos nuestras experiencias, nuestras vivencias sin pensar en su persistencia; pensemos en el cruce de caminos que cada día y en cada instante cruzamos.

A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.

A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.

Como elemento de persistencia, simplemente podemos encontrar esta maravilla de Vicente Aleixandre.

El poeta se acuerda de su vida

Perdonadme: he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, mas nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora
o cuando el día cumplido estira el rayo
final, ya en tu rostro acaso.
Con tu pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.