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Archivos Mensuales: abril 2013

Es curioso ver el mundo y las personas cercanas buscando un referente. Un referente moral, un referente ético, un punto que nos sirva como referencia en estos momentos de tormentas.

Las tormentas que vivimos ahora mismo son como todas las que se han vivido en la historia, pero hay matices distintos, matices que me consiguen inquietar aún más. Antes, los antiguos viajantes que navegaban en sus cáscaras de nuez rezaban a quien supiesen esperando una ayuda divina. Más adelante, los marineros más recientes, en las tormentas más recias, más oscuras distinguían los faros iluminados por antorchas, por solitarios ermitaños sin más misión que iluminar el camino, independientemente de su vida, independiente del día de la semana o momento del año. Había referencias. Había a quien pedir el milagro.

Ahora, con más ciencia y más criterios, sólo nos debe iluminar la esperanza, el ciego deseo de alcanzar y soportar estos momentos de angustia, esa angustia agarrada a la boca del estómago que nos hace sufrir, nos hace retorcernos al no conocer la salida, al no identificar ese punto fijo al que agarrarse, al no dislumbrar esa luz intermitente que nos lleva a puerto seguro, donde las olas no nos sigan llevando como pequeñas astillas sin ningún rigor, sin dirección, sin rumbo fijo….

….pero nos debe guiar la esperanza. Nuestra propia esperanza. Nuestra propia iluminación sujeta a lo más profundo de nuestro ser, a lo que debe ser menos vulnerable por motivos externos. Se debe mantener el tipo entero, sin dudar, sin pensar, sin cavilar más de lo mínimo necesario, porque si fueramos conscientes, nos rendiríamos. Debemos seguir siendo el anclaje de nuestros seres cercanos, de nuestras vidas entrelazadas, de nuestro mundo común.

Por eso, por no dejarnos caer, por no dejarnos vencer, por mantener nuestra cofradia del clavo ardiendo, seguiremos luchando. No lo vamos a intentar de dejar de hacerlo….

En esta época todo el mundo parece tener talento pero realmente quienes me importan a mí y me merecen tal distinción son aquellos que permanecen en la oscuridad

En esta época todo el mundo parece tener talento pero realmente quienes me importan a mí y me merecen tal distinción son aquellos que permanecen en la oscuridad

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Esta entrada es taciturna. Es casi noctánbula… Dicen que los biorritmos hacen a las personas como somos. También dicen que quizá las formas de ser consiguen modificar y hacernos disfrutar del día de forma distinta. Siempre intento estar de buen humor, pero hay temporadas que es complicado. En estos momentos, las tardes cuando pierden su luz es el mejor momento del día.

Estos días de atrás el trabajo me ha desbordado. No es que me guste pero tampoco viene mal del todo poner aceite en engranajes casi oxidados. Al salir de allí, la tarde iba desapareciendo y las sombras de los últimos rayos de luz son compañeros de viaje de vuelta a casa.

Al pasar por altos, ves la ciudad recien vestida con la joyería de sus luces recien encendidas, los transeuntes bajan aún más el ritmo cansino, haciendo de su regreso a casa la senda de un elefante lacónico, cansado por el acaloramiento de la batalla diaria. Cuantas historias en cada uno de ellos; cuantas desilusiones y alegrías; cuantas miserias y grandezas siempre recordadas por todos nosotros. Cuantos recuerdos y vivencias que salpican un brillo especial y único como el cuarzo de las carreteras al iluminar con los faros de la objetividad, con el criterio propio.

Como, un día cualquiera, en una casa cualquiera donde las ventanas relucientes dejan respirar el último suspiro de luminosidad. Los habitantes, como los animales huidizos, se esconden y dejan salir sus sentimientos y pensamientos más profundos, menos conocidos pero más personales.

Todos estas historias pasan en una ciudad con las luces tenues, con los claroscuros del día escondidos entre las sombras de los cementerios de hormigón…. tristes y apagados pero que en primavera, alguna florecilla quiere florecer, lo tiene y lo debe de hacer.

Los claroscuros son finales y comienzos. Las luces tenues son el final de una historia inmensa reducida a lo cotidiano. Quizá lo cotidiano cambie, quizá haya una esperanza, quizá aún estemos a tiempo porque todos tenemos derecho a ser felices.

Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.

Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.

 

 

Es una escrito para y por la coherencia. También va a intentar ser un escrito para mantener algo tan manido como es la ética. Voy a hablar de alguien que se acaba de ir fisicamente, pero intentaremos que nunca se vaya de nuestra cabeza, de nuestras ideas. Era y será siempre Jose Luis Sampedro.

Es curioso como pasan los años. Le oí nombrar gracias a un libro mágico que leí en el instituto. Es curioso ver como un escritor tan lejano, con una historia tan lejana en tiempo y en vivencias como la suya, pudiera hacerme transmitir los sentimientos de sencillez, calidez y por supuesto, bondad como aquel libro.

Desde este momento, le he seguido. He leído algunas novelas, algunos recortes, algunas opiniones en períodicos que no han hecho más que ahondar esta sensación de leer o escuchar a un gran tipo, a ese amigo de tu abuelo que, forzajo en mil batallas personales, de las diarias, de las que marcan la personalidad, consiguen, sin querer, dar argumentos y consejos sin quererlo, sin notarlo. Irradian “ética”; esa palabra tan manida y desvalorada.

No me interesa la felicidad y no creo que dependa de mayor o menor inteligencia. Pero desde luego no exigir demasiado hace más fácil llevarse bien con uno mismo, que es mi sustituto de la felicidad.

No me interesa la felicidad y no creo que dependa de mayor o menor inteligencia. Pero desde luego no exigir demasiado hace más fácil llevarse bien con uno mismo, que es mi sustituto de la felicidad.

Os dejo un fragmento de uno de sus libros, el que me hizo conocerle y me dejó un gran sabor de boca…”la sonrisa etrusca”

El viejo contempla el testarudo puñito asiendo el embozo, se conmueve ante ese cuerpecito tan tierno aún y ya capaz de viriles erecciones.  Le habla de la verdadera Navidad, la Notala; no la aburrida ceremonia de esta noche. La de allá, la noche en que se siente nacer algo grande en el cuerpo y un tiempo nuevo en el mundo.

 
“¿Sabes, angelote mío?”, piensa para el niño, “en ese día hasta se mete uno con los ricos y no pueden denunciarte a los carabineros…Porque yo empecé muy pobre, sin todo lo que tú tienes. ¡Y más que tendrás, porque no dejaré a mi yerno chuparlo todo en Roccasera!… Yo fui un niño sin zapatos que iba con otros a cantar a las ventanas de los dos ricos que había, el padre del Cantanotte y el señor Martino que, fíjate, con el tiempo acabó siendo mi suegro. ¡Por poco murió del disgusto cuando me llevé a su hija y tuvieron que casarnos! Tuvo gracia. A no no me atravesaba nadie, y así dio esa vuelta el mundo, que es un tiovivo y hay que saber subiré en marcha al caballo blanco, el más bonito, ya te enseñaré…Pero la boda fue mucho después, yo al pie de su ventana ni soñarlo podía.  Le cantábamos una sirina, copla de Navidad para pedir unas perras, y si tardaban en echarlas les insultábamos y les deseábamos el mal de ojo…, ¡que coplas!, de risa, recuerdo una:
 
 
No seas tú como el burro
que hace sordas sus orejas,
sin nos das para vino,
capao el buey te veas.

¿Quien eres? ¿De donde vienes? ¿Eres creible? Nunca lo sabrás, lo sabrán tus amigos. Los de verdad, los que te acompañan en tu caminar, en tu negro cavilar, en tus alegrias y en tus tristezas.

Algunos no tienen amigos. Otros somos más antiguos y tenemos un concepto de amistad transnochado, taciturno, quizá algo diferente a los tiempos modernos donde todo vale, donde todo es relativo, donde nada es real. Estoy seguro que muchos que lo lean, no estarán de acuerdo, pero la amistad, como todas las cosas importantes es compromiso.

Compromiso ante los problemas; en el momento en que todos se van de la desesperanza, tu amigo entra con un sonrisa y un botella de vino rancio en la mano, con los vasos manchados de las vivencias pasadas y los posos de mil batallas, mil recuerdos. Los tuyos.

Ahora con el tiempo se van pasando los momentos, se separan los vínculos por los cantos de sirena de los nuevos tiempos, ocultando la antigua amistad como esa música extridente que no deja a esa cantante de jazz cantar las melancolias y las añoranzas pasadas, suaves, acordes a nuestra vivencia pasada, como a las calles oscuras de tu barrio periférico siempre colindante con las grandes e iluminadas avenidas de nuestras propias personas ; tan pegado a nosotros como el centro de una urbe al extrarradio de nuestro propio corazón.

El que va sin avisar, cuando sabe que se necesita, el que sabe donde vas y tiene tu mapa en la cabeza, como un yo lejano de tú próximo.

"Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que tal vez no habría nacido si no lo hubiéramos conocido". Anaïs Nin

“Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que tal vez no habría nacido si no lo hubiéramos conocido”. Anaïs Nin

Me encanta un poema de los hermanos Álvarez Quintero que se llama Autorretrato

AUTORRETRATO

Fuimos… entre espigas y olivares:
el uno esperó al otro en la lactancia,
y en el primer pinito de la infancia
ya escribimos comedias y cantares

Después… libros, y novias y billares
(¡memorias que ilumina la distancia!)
luego… una juventud cuya fragancia
envenenan agobios y pesares.

Fuimos… cuanto hay que ser: covachuelistas,
estudiantes, “diablillos”, editores,
críticos, “pintamonos”, retratistas…

Y hoy, como ayer, sencillos escritores
que siguen, a la luz de sus conquistas,
sembrando sueños por que nazcan flores.

Una y otra vez en la vida, hay circunstancias que se repiten. No llegan a ser iguales, pero te dejan el saborcillo a algo ya vivido. Son las estaciones que vivimos y las personas que nos rodean, las que nos vuelven a hacer recordar momentos o sensaciones.

Dicen que las personas somos un conjunto de experiencias. Yo añadiría aún un valor más. Son las experiencias y los sentimientos que relacionan; los recuerdos de nuestra mente almacenados en lugares remotos, en baules oscuros de nuestra vida, pero por muy profundos, por muy ocultos, siempre aparecen, y lo mejor de todo, vuelven a aparecer. Quizá por las fechas, por las vivencias, por ese caminar cansino de los días tras otros, por ese negro cavilar que todos llevamos, cuando aparecen momentos brillantes, siempre pensamos en la ciclicidad de la vida.

El sábado al mediodía estaba sentada en una terraza, con un sol brillante y en la sombra, Lamari me hablaba y comíamos alegremente. Era una sensación de tranquilidad, de paz, de ausencia de todo mal, de la victoria de un sol que alegra el alma. Sin querer, sin poder evitar la llegada de un recuerdo, recorde en las mismas fechas, algún año en semana santa en una bodeguita junto al Duero, junto a mis padres, hermanas y abuelos almorzando, con la seguridad que sólo los niños piensan que tienen junto a sus mayores de la imposibilidad de nada negativo…. de la primavera esplendorosa y la llamada de un verano cercano, la victoria del sol a la persistencia del negro hielo….esa próxima venida del sol, ese fin de oscuridad del frío invierno, esa seguridad, ese bienestar…. sentido una y otra vez…. es la cicilcidad de la vida.

La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.

La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.

No sé si alguien ha tratado ésto; no conozco ningún poema de algún genio que haya sentido esto.  No lo he sabido encontrar porque seguro que lo harán mejor que yo. Solo he podido acompañar esto con un poema al mes de abril entrante de Antonio Gala, que me parece muy bonito…

Por mi cuello tu mes de abril resbala

Por mi cuello tu mes de abril resbala
Y su música templa mi recelo.
De tu mano pasea amigo el cielo
Y en mis hombros sus cármenes instala.

Tu alegría desata tu rehala
De palomas y arcángeles en celo,
Y ante la nueva aurora me desvelo,
Entre un batir ardiente, de ala en ala.

Plata y verde le impones tu divisa,
Al tiempo hostil, a la extenuada espera,
Al mundo recobrado ya con prisa.

La portentosa gracia quién tuviera,
De perpetuar el don de tu sonrisa,
Que me convierte octubre en primavera.