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Archivos Mensuales: noviembre 2013

Hoy es un día bonito de otoño. Bonito por luminoso. Son esos fríos días de un otoño encaminado hacia el invierno. Bonito porque me lo parece a mí, porque también surgen alegrías rodeadas y sobre nubes plomizas.

Quizá no lo notes o no lo sientas. Quizá no lo quieras sentir en tu tristeza, pero dentro de la amargura, de la desesperanza de la exclusión forzada, un atisbo de alegría y de luz surge fuerte, iluminando las motas de polvo que estuvieron sobre tu caja de desesperanza. Cerrada y encarcelada durante largo tiempo, durante largas noches de insomnio de verano e invierno.

Rompe los hielos fríos del aletargamiento tu valentia; tu silueta venciendo al vendaval de indiferencia social y haciendo florecer nuestro ánimo, tus ganas de vivir que estuvieron quemadas largo tiempo, sin el agua de la lluvia de los emocionados quehaceres cotidianos. Surgieran de nuevos los jazmines de la alegria.

… y como siempre, mi palabra de ánimo a tu lado; no siempre acertada pero siempre voluntariosa. Mi animo, mi cariño y esperanza junto a tí. Podrá haber tristeza, miedo o desesperanza, pero jamás soledad.

amaneceres de otoño

Frías y grises, con la esperanza de las nubes blancas corriendo por el cielo plomizo…. pero cercana y cálida tendrás mi palabra

Esta entrada tiene sentido y su nombre gracias a Antonio Machado y su poema con el mismo nombre rindiendo homenaje a Julio Romero de Torres. Espero que os guste….

Amaneceres de otoño.

A Julio Romero de Torres

Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor.
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos, caminando un cazador.

Es complicado ser uno mismo. No me cabe duda alguna.
Quizá sea por las fechas, pero me he acordado de la dura juventud (cada uno tiene sus traumas…) Recuerdo con mucha tristeza como intentaba ser una persona adulta. Tenía una duda en el interior que me hacía sentir extraño. Me gustaban cosas como poesías, escritura o simplemente música que no era bien tratada (por decirlo de alguna forma…) que el resto de amigos.

Quería que me aceptaran y por hacerlo, quien no se aceptaba era yo mismo. Hacía y decía cosas que no eran mías; vivía distinto a mi forma de pensar. Mientras, casi en secreto, leía, escuchaba o incluso actuaba de una forma distinta. De esta forma, creía que era aceptado por el grupo de amigos donde crecía, aunque tampoco con mucho éxito.

De repente, quizá ya por no poder mantener esas apariencias, quizá ya por haberme hecho un poco mas mayor, salió quien era yo realmente, que la poesía, la filosofía, los relatos cortos o incluso el ensayo no eran de viejos decrepitos, que el flamenco de Camarón, Mercé, Morente, Paco de Lucia o incluso Paco Ibañez no eran para abuelos ni perdedores. Que expresarte contando tus dudas, tus penas o sentimientos no es de ser indefenso o blando.

Es al revés… el de verdad, el que sale cuando eres tú quizá no sea un ganador, quizá sea el auténtico perdedor, pero eres tú, y si puedes mantenerlo, mientras pueda, lo seré… guste a quien guste, esté o no de moda.

Ojala alguien me lo hubiera contado (aun pareciendo tan obvio, a mí no me resultó sencillo) para haber tomado nota o aprendido, aunque, quizá, sea cierto eso de que no se escarmienta en carne ajena…

Ser uno mismo es una apuesta ganadora... por lo menos, para tí y tu conciencia.

Ser uno mismo es una apuesta ganadora… por lo menos, para tí y tu conciencia.

Hace mucho que no pongo a dos grandes. Quizá es bueno leer y escuchar a aquellos que no se soportan, pero quizá, cuando todo está perdido, cuando las noches en soledad solo sea posible soportarlas domitando con alcohol, aparecen las grandes verdades como lejanos brillos de luz de lejanas estrellas.. Cuando Tom Waits recita a Charles Bukowski pueden quedar cosas como estas… (está en castellano traducido…)

Mirando lejos se ven maravillas lejanas. Quizá sea por un afán de cercania, por una búsqueda de encontrar la divinidad de las cosas cercanas, me encanta ver las maravillas cercanas.

Ya han vuelto a rondar por estas tierras los vientos del norte. Han venido sin avisar, a oscuras como las nubes blanquecinas apenas perceptibles en las noches cerradas. Las hojas de los árboles han comenzado a rendirse a su frío, a caer lentamente sobre los senderos, sobre los bosques encantados de miles de colores emergentes, agradables; de aspecto calencioso y templado por los miles tonos marrones que pintan el paisaje.

Al andar se van moviendo por nuestras pisadas. Como si fueran nuestras pisadas el resorte que hacen mover y romper el pequeño enlace con el recién conocido suelo… y cuando llueva, se mancharán y formarán la alfombra de nuestros pasos, la armonia suave y conformable sobre el duro suelo sobre el que pisamos. No transmiten la alegria por un fin de ciclo, sino el de otro periodo vital transcurrido, por la aparición de los esqueletos arbóleos que deben descansar para florecer en primavera. No es un final, es la vuelta a un principio.

Caen las hojas

Caen las hojas armoniosas sobre el camino junto al Duero, caen las pocas hojas del olmo viejo en mi norte.

Mejor que Octavio Paz nadie para explicar que es y de donde viene el otoño, y un poema melancólico es un gustazo en estas fechas…

En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros…

Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.