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Archivos Mensuales: enero 2014

El reflejo de los espejos no muestra un deseo. Viendo los espejos distorsionados confirmamos nuestros anhelos, nuestras ilusiones y esperanzas; y también, nuestras peores flaquezas.

Es muy dificil acertar cuando se trata con personas. Casi imposible… ese concepto denominado empatía no es válido en muchas ocasiones, pero en otras, jamás. Pensar como conseguir afinar en los gustos y acciones de las personas es complejo. Es encontrar un copo de nieve idéntico a otro, sin diferencias, sin modificaciones apreciables.

Cuando las decepciones nos llegan suceden porque entendemos que alguien de nuestra confianza, a aquellos que ayudaste o valoraste en cierto momento, actuan de una forma distinta, de una forma que rompe nuestra criterio de actitud. Quizá los que no piensan en nada positivo de las otras personas, nunca se decepcionan, pero las buenas personas, los nobles y respetuosos, los leales sean los que se decepcionen.

Cuando no se espera nada, nada tendrás que recibir, pero cuando la confianza existe, nada colma el desconsuelo de la decepción por lo ajeno, por lo seguro que no lo fue, por lo cercano que resultó lejano o por lo posible que al final no podrá ser. Esta decepción cae en el alma; son las gotas de las nubes surgidas de la previa confianza al caer sobre el polvo de la vida misma, de la realidad próxima y cercana. Estas gotas son límpias, pero embarran la próximo del recuerdo cercano.

Comprendo que la mentira es engaño y la verdad no. Pero a mí me han engañado las dos.

Comprendo que la mentira es engaño y la verdad no. Pero me han engañado las dos….

Se desengañó mi Mari, se confió en su propia bondad, en su propio reflejo… pero al final, como ya cantaba el poema de Rafael Alberti, se equivocó la paloma.

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.
Que las estrellas, rocío;
que la calor; la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

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