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Archivos Mensuales: mayo 2014

Hace años, cuando era pequeño me quedaba embelesado viendo un reloj de cuco que había en casa de mis padres. Tic, tac, tic, tac…cada segundo, cada ciclo de arriba a abajo y otra vez volver a subir. De vez en cuando, cada media hora, salía su pequeño pajarito y nos avisaba de las medias o de las horas completas.

Ahora, ya más mayor sigo quedándose embobado al observar como todo en la vida va por ciclos. Ciclos altos donde nos comemos el mundo y ciclos bajos donde el mundo nos merienda. ¿Llegamos a ser mejores o seremos tan malo que ni nos merecemos que nos miren? Seguramente en el medio estará la virtud, pero como personas, como unión de experiencias y vivencias, es muy dificil abstraerse. Es el pase del día a la noche, de la sombra a la luz y de nuevo volver a empezar.

Bendito volver a empezar. Las flechas que nos indican de manera imperturbable los mejores senderos cambian y giran como llevadas por la veleta de un vendaval furioso. Gracias a que el bien se hace mal, que los buenos se hacen malos y viceversa, a que lo que sube baja por la gravedad de los hechos consumados y producidos inexorablemente y lo que ha caído, por la propia letanía de sus lamentos y tristezas vuelve a surgir, a resurgir como la pequeña brizna de cesped del helado paisaje, recuperando poco a poco el esplendor.

Por eso, cuando veas el futuro gris u oscuro por las penas diarias, no te permitas caer en la desesperanza porque tu brizna de hierba volverá a crecer.

En lo más profundo del invierno, al fin aprendí que dentro de mí hay un verano invencible.

En lo más profundo del invierno, al fin aprendí que
dentro de mí hay un verano invencible.

 

Que mejor que Mario Benedetti para que nos explique millones de veces mejor que yo como es este vaiven….

VAIVEN

La vida viene / la vida se va
y cómo se vigilan los vivos y los muertos
en medio está la circunstancia
ese cercado territorio
donde ocurren los días y las noches

el corazón tiene sus límites
late si el tiempo lo perdona
palpita con un mínimo de fe
casi como un reloj / señor del péndulo

las manos palpan / agasajan
los pies dinámicos nos llevan
sobre hierbas / asfaltos / empedrados
acercándonos a ignotas serranías
donde esperan heraldos y testigos

la vida llega y ahí nomás se aleja
como un picaflor vertiginoso
sólo queda un sarmiento
con sus uvas temporalmente verdes

otras veces la vida se demora
nos gusta mantenerla entre los puños
y hacerle las preguntas que hace abril
en cualquier mes del cándido almanaque

cuando la vida viene / qué aleluya
cuando se va no siempre lo intuimos
por las dudas tenemos un adiós disponible
para que los compinches que nos sobrevivan
nos lo dejen con geranios y nardos
entre las manos quietas