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Archivos Mensuales: diciembre 2014

Ya terminé esta travesía de la Ruta de la Seda personal. He recorrido durante un año y medio el camino desde un punto, ahora remoto, al otro lado del continente, atravesando desiertos de desconfianza propia, montañas de incomprensión ajena, ahora ya conquistada por la escalada diaria.

Nada traje que no cupiera en mi mochila y nada llevo que no quepa en palabras, suspiros, experiencias y sabiduría aprendida a base de la mejor escuela, la práctica y experiencia. Las botas, ya rotas, viejas y manchadas de polvo se han convertido en la pequeña capa que aún permite seguir continuando la trayectoria, de esta, siempre apasionante aventura, que es la vida.

Ahora, junto a este nuevo océano que me muestra ante mí continúa otro camino. No hay senderos visible entre las olas, no hay mapas ni señales que marquen la travesía; solo hay esperanza de acompañar a mi compañera en el nuevo viaje que hemos emprendido juntos. Seguro que habrá tormentas, granizos, relámpagos que nos asusten y nos iluminen a la vez, debajo de los nubarrones de las circunstancias sin que dejen pasar la luz de la ilusión.

Camino lejano

Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya. (Alexander Graham Bell)

No lo dudes, seguiré completando esta bitácora entre paso y paso; entre montaña y valle; entre llanura y estepa, entre ola y ola. Siempre hay un camino, y ese, nos enseña otros nuevos que, por dignidad, se deben recorrer.

Os pongo un poema genial de Antonio Machado…

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

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