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Archivos Mensuales: enero 2017

El otro día fue un día curioso. Quizá por algún tipo de añoranza no sé muy bien surgida de donde, me empecé a recordar cosas de mi pasado. Dicen que nunca se debe mirar atrás, pero yo de vez en cuando lo hago. Es una experiencia dura, sobre todo cuando tus recuerdos no son agradables, o situaciones que te hicieron daño realmente o personas que ya no están. Esta vez fue por situaciones que me hicieron daño, pero recuerdos no agradables o personas que ya no están también me ha sucedido. Curiosamente, me considero una persona con suerte y sin grandes traumas, pero lo realmente dañino para uno mismo es reconcentrar tus recuerdos en el dolor.

Cosas que jamás podré volver a vivir, ni a solucionar, ni a volver a tener la oportunidad de reparar se amontonan en mi mente, como el martillo del herrero forjando el hierro pero con la diferencia que sigue resonando de la misma forma, sin modificarse, sin un atisbo de cariño a mi mismo…. y me hace daño. Mucho daño. Ojalá alguna vez esos recuerdos huyan y se difumine, como el humo del cigarrillo en la ventana entreabierta de una noche de verano. Quizá hoy no sea como soy si no los hubiera vivido, pero son lastres que no se agradecen en el presente. Muescas en el alma del pasado son las barreras a saltar del futuro.

Curiosamente, el mismo día escuché a alguien decir que el pasado forja el futuro. Seguro que es verdad, pero debo mirarme como aquel viajero que atraviesa su personal travesía y ve, desde la altura los pasos en los rellanos que ha ido dejando más abajo. Los pasos buenos, los que avanzan en el camino han desaparecido por la nieve recién caída del tiempo, pero aún ves los tropiezos o resbalones de las circunstancias que jamás se ocultan y se podrán ver desde la cima. No puedo ir recaminando mis propios pasos para ocultarme mis propios resbalones, pero quizá, quien sabe, algún día me perdone a mi mismo los traspies del camino.

Tendrá que haber un camino, habrá un camino que me lleve, que me lleve donde pueda estar. Los Planetas y Enrique Morente

Tendrá que haber un camino,
habrá un camino
que me lleve,
que me lleve donde pueda estar.
Los Planetas y Enrique Morente

Hoy voy a poner, para animar un poco este invierno gélido, esta canción de Los Planetas que es el adelanto de su nuevo disco. Curiosamente, circunstancias de la vida, he ido creciendo y madurando al mismo ritmo que sus canciones; desde el desconcierto de sus primeros discos, a la amargura de sus posteriores discos y a la paz y madurez de los últimos años.

Estamos pasando ya los días del frío. Frío venido del norte, donde la vida se reclina ante los vientos y tormentas de forma habitual. Frío que congela las palabras que están por decir, frío que condensa las emociones más tristes, haciéndolas salir a relucir, haciéndolas presentes como el agua en el hielo mañanero. Aquellas palabras que congelan también las almas templadas y sensibles brotes de nuevas ilusiones.

Van pasando los días con poco sol que ilumine las congeladas ilusiones, azotados por ventiscas nocturnas que vienen silbando alentadas por la luna brillante que les da la luz y claridad para buscar los oscuros rincones de la noche, donde se encuentran los pocos habitantes capaces de dar respuesta a su continua interpretación de los anhelos de otros tiempos… y mientras tanto, las nubes grises vienen caminando con su tranquilo pasear, sin que la tormenta que está por venir le suponga una motivación para hacerse ligera. Sus extrañas formas de pico o brazadas son caricias a la tierra antes de que su nieve se deposite sobre la tierra malherida…

Estos fríos días también congelan mis ilusiones, las dejan recogidas y asustadas por el invernal viento de las situaciones que nos acucian alrededor, como la manada de lobos del monte esperan que el pequeño corzo se mueva de su minúsculo refugio….

 

No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente. Maurice Herzog

No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente. Maurice Herzog

Para decir como puede ser el invierno, que mejor poema que este de Ruben Dario….

De invierno

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Volverse, sin rendirse, una y otra vez sobre la cama. Darse vueltas como una peonza una y otra vez… sin parar… sin parar de moverse y sin dejar de pensar. Pensando en lo que sucede, en lo que sucedió y en lo que jamás sucederá. Como se sufre pensando en aquello que nunca jamás sucederá… cuanto tiempo perdido, cuanto miedo, temblores, sensaciones aquellas que jamás nos pasarán y que viven solo en nuestros insomnio… cuantos sueños sin cumplir, cuantos hechos sin hacer, cuantos besos sin dar…

…y otra vez, venga a darle vueltas a la cabeza. Cuantos recuerdos inexactos, cuantas situaciones equivocadas revisadas cuando el sol quiere empezar a salir… y otro día sale su sol a iluminarnos y aclarar los pensamientos. Vuelven de nuevo, los temores a irse, los miedos a los rincones oscuros de nuestra memoria y nuestro cerebro. ¿Pero sabes qué vuelve a suceder? El atardecer, lento, paulatinamente progresivo oculta el sol, dejando manchones de color crema por el paisaje es el aviso; el recuerdo que debes mantener porque será el punto de comienzo donde el insomnio y tus miedos volverán a salir del rincón, donde anoche, sin ir más lejos, los guardaste.

¡Que extraño es el miedo a la muerte! Nunca se tiene miedo a un atardecer. (George MacDonald)

¡Que extraño es el miedo a la muerte! Nunca se tiene miedo a un atardecer. (George MacDonald)

 

 

Que mejor poema para este tema que insomnio de Gerardo Diego….

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
—cauce fiel de abandono, línea pura—,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Hoy ha amanecido claro. Claro con esa luz que solo se ve desde la meseta. La claridad del cielo junto al mar se disipa y da cabida a la luz blanca sobre el cielo azul puro. Todo parecería que es luz, solo se distingue un fondo blanco sobre el suelo por la helada, que, sin perdón, cayó por la noche sobre el ya de por si frío suelo.

No es cierto que todo sea tan claro… bajo el manto de agua escarchada hay hojas ya caídas por las frías ráfagas de aire que hacen caer los últimos rastros de vida de los árboles. No es de gusto verlas caer, sobre todo cuando cambian su colorido a los tonos marrones pastel que señalan la cercanía del invierno, de ese momento triste del final del otoño, tras el hielo negro sobre las primeras yemas, aparecen de nuevo los brotes que, seguros desde la nimiedad, surgen para dar el colorido a la primavera.

Por eso, aunque el fondo de la vista sea negro, sea caducado y extinto, nos muestra la nueva capa de algo que surgirá con la nueva vida. El proceso se debe repetir cíclicamente para que lo nuevo sustituya a lo viejo, para que lo caduco caigan mostrando las nuevas esperanzas. No es malo, no. Es necesario que la naturaleza, como las ideas y creencias de las personas vayamos repitiendo el proceso de renovación porque surgen muchas nuevas ideas, pero mantienen la base como el árbol mantiene su tronco aferrado al suelo. Las hojas, como las ideas serán nuevas, pero surgirán del mismo punto.

“Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar la estrella que lo guía” Antoine de Saint-Exupery

“Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar la estrella que lo guía”. Antoine de Saint-Exupery

Quien mejor para hablar de poesía que Antonio Machado y su poema Renacimiento…

Galerías del alma… ¡El alma niña!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva…
¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre… Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos lleva.

En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.
Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.
Las más hondas palabras
del sabio nos enseñan
lo que el silbar del viento cuando sopla
o el sonar de las aguas cuando ruedan.

 

Sigue subiendo… sigue subiendo… no mires abajo…sigue subiendo hasta las nubes…

Parecía que cuando eramos niños, nos pedían que siguiéramos viviendo, viviendo cada vez más deprisa. Viviendo para hacernos más adultos y saber que había penas, obligaciones, frustraciones inalcanzables a las cuales jamás llegaríamos soñar. Sigo recordando cada vez que mi abuelo, con quien tenía un vínculo especial, me decía que me formara, que aprendiera, que tenía muchas cosas que vivir y que la formación nunca me vendría de más. Como siempre, sabias palabras. No consistía en alcanzar, no era por tener si no por ser. Es distinto tener herramientas para sobrevivir que tener un arma que quizá no puedas usar.

Pero los demás, la sociedad, los mayores me decían que siguiera creciendo… que podía llegar donde quisiera, que el límite era mío y de nadie más… Falsas esperanzas rotas… no hay más límite que donde decidas llegar, pero que sea lo suficientemente apartado para que a nadie molestes, a nadie estorbes… a nadie roce tu sombra alargada de personalidad propia.

…y me pidieron que siguiera subiendo. Ya de mayor no era solo subir, si no escalar. Escalar para sentir la altura y el poder que te otorga sobre los que habitan en el valle. En los que mansamente ven pasar sus días, sus semanas, sus meses sin complicaciones, sin preocupaciones sobre la paz que les aturde y les quita el último suspiro de independencia, el último lugar donde las ilusiones personales, los sueños por cumplir y las esperanzas añoradas se alojan… abotargadas por el estómago agradecido y lleno de pan, aunque sea duro.

´La montaña no es como los humanos. La montaña es sincera´- Walter Bonnati

´La montaña no es como los humanos. La montaña es sincera´- Walter Bonnati

 

Quizá no sea su mejor poema, pero “El remordimiento” de Jorge Luis Borges sea un poema que hoy evoca algunas de mis sensaciones….

El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.