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Archivos Mensuales: febrero 2017

Sigue luchando. ¡No te detengas… sigue luchando por lo que siempre has creído! Cuando ves que los brazos no te responden, cuando notas tus piernas temblando sin casi no poder aguantar de pie, es el momento, más que nunca, de seguir luchando…

Luchando por lo que siempre has defendido. No luchando por Dioses representados por millonarios en sus cómodos sillones en sus lujosas mansiones, si no por la humanidad y la independencia de pensamiento, por aquella libertad que otros antes que tú han caído por defenderlo. No luchando contra otros como tú, no combatiendo ni degollando a pobres almas que sin saber cómo, han terminado por casualidad en otro bando. Lucha por vivir cada día como el primero. Lucha por ver cada día salir el primer rayo de sol dentro del cielo oscuro.

No te detengas aunque las lágrimas silenciosas corran por tus mejillas. No te detengas cuando veas que todos está en contra de tus ideas. No te detengas y no mires atrás de lo que ya has conseguido avanzar. No te detengas y no te arrodilles ante nadie por ser como eres, por defender tus ideas, por no cambiar de valores, por no rendirse cuando lo fácil es parar y agarrarse a lo sencillo.

¡Sigue! ¡Sigue corriendo sin mirar atrás! ¡NO TE DETENGAS…!

Levántate y levántate de nuevo hasta que los corderos se conviertan en leones.-Robin Hood.

Levántate y levántate de nuevo hasta que los corderos se conviertan en leones.-Robin Hood.

Leí el otro día este poema de Walt Witman (gracias, Juan Carlos), que me dejó francamente iluminado… espero que también os enseña algo como lo hizo conmigo.

No te detengas

 No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
   No te dejes vencer por el desaliento.

   No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

   No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
   No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

   Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
   Somos seres llenos de pasión.
   La vida es desierto y oasis.

   Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
   Aunque el viento sople en contra,
 la poderosa obra continúa:
   Tu puedes aportar una estrofa.
   No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

   No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

   La mayoría vive en un silencio espantoso.
   No te resignes.
   Huye.
   “Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.

   Valora la belleza de las cosas simples.
   Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
   Eso transforma la vida en un infierno.

   Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
   Vívela intensamente,
sin mediocridad.
   Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

   Aprende de quienes puedan enseñarte.
   Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
   La sociedad de hoy somos nosotros:
   Los “poetas vivos”.

   No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Es curioso lo que nos pasa cuando nos encontramos con los amigos y conocidos del pasado. Nos vuelven a traer momentos que fueron buenos y otros muchos que fueron malos, que fueron especiales y nos permitieron cambiar ideas y sentimientos, pudiendo convertir nuestras debilidades y fortalezas en algo completamente distinto, adaptadas a las circunstancias que cada uno de nosotros sentimos y experimentamos.

No son buenas ni malas; son distintos los criterios. Son adaptaciones a problemas que nos han surgido de las vivencias en nuestros entornos. Ya ellos no nos conocen, ni siquiera física ni mentalmente. Cada uno cogió su mochila y fue a recorrer su sendero vital. Aquel que te hace recorrer caminos impensables y que jamás se podrían haber planificado. Durante este camino, se han recogido flores que nos maravillaron, piedras donde tropezamos y pequeñas muescas se han ido marcando en nuestra piel, haciéndola cada vez más áspera e impermeable al exterior.

En estos momentos de encuentro, nos hacemos recordar. Nos hacemos volver a sentir aquellas vivencias compartidas en un entorno inexistente ya, en un momento pasado. No hay ya buenas ni mala decisiones. Simplemente hay cariño por el tiempo pasado, por el tiempo ya evaporado en los vapores que son los recuerdos. No se queda el dolor, se queda la cicatriz del pasado.

La guitarra es un pozo con viento en vez de agua. Gerardo Diego

La guitarra es un pozo con viento en vez de agua. Gerardo Diego

Y como no, voy a hacerte recordar como lo hizo Antonio Machado de mi lugar secreto…

Recuerdo

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

Nunca me ha gustado estar mucho tiempo en el mismo sitio. El mismo sitio es la misma situación, mental, emocional, sentimental… Recuerdo que cuando era pequeño, ese alguien irrepetible especial me decía que no podía tener un asiento. Es cierto. Necesito pensar que voy, que me muevo, que encontraré algo nuevo que antes no había conocido.

No me gustan los anclajes, lo que, por comodidad creamos para no mover al camino, pero ese sendero continua, inalterable hacía el mar, a la desembocadura del río de la vida, a la extraña paz que encuentras al llegar al destino deseado. No debe ser llegar la meta, sino disfrutar del camino. Añadir más vivencias a la mochila, añadir más paisajes a tu retina, conocer el espacio recóndito, escuchar la cascada que en el camino indica que cada vez estás más cerca de cruzar el río. No pasa nada porque te duelan las piernas, porque los pies se te resientan de las vivencias ya pasadas. Es nuestro camino lo que hace que estés vivo. Estas vivo mientras viajas… y viajas mientras estés vivo.

Sé que es difícil convivir con un errante, sé que es complicado buscar nuevos caminos y senderos. Es más cómodo estar sentada al calor de tu hogar en los días de invierno o en tu casa en días de lluvia torrencial. No sé de donde viene, pero está en uno mismo. En no rendirse a la gris monotonía, en no caer en la falsa satisfacción del conocimiento ya asumido, en no volver a pasar, una y otra vez, el camino a ningún sitio como los bueyes que mueven las muelas de un molino. No quiero encontrarme que ya he creado mi sendero de pasar una y otra vez por lo mismo, temiendo lo nuevo, ignorando la incertidumbre que se cierne, quieras o no, sobre tu propia vida. Viviré junto a la incertidumbre, viviré con la mochila en mi espalda, viviré errante…

 

En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos – Robert Louis Stevenson

En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos – Robert Louis Stevenson

Para completar esta entrada, gracias a la publicidad volví a recordar esta canción que se llama “Wandering Star” o “Estrella errante”

Son curiosos estos días de invierno. A mí me hacen sentir aún más pequeño, casi diminuto. Recuerdo la sensación de diminutez cuando, de pequeño, aún de noche o comenzando a amanecer, el aire sonaba como lobo que aulla a su futura presa desamparada a que asome de donde esté. Por eso, yo aún me cobija debajo de la manta esperando a que fuera a otro lugar y se olvidara que estaba allí escondido. Aún lo sigo haciendo y me mantengo acurrucado en tu regazo, a salvo del exterior.

Pero el viento también me emociona. Me emociona porque sus soplidos, sus ráfagas de aquel norte huraño donde nada se da sin motivo, se lleva a otro lugar los últimos rastros de la vida pasada. Es el último paso para terminar de borrar la vida pasada, dejando paso a las nuevas yemas de los árboles más tempranos que nos alegrarán cuando consigan, con la dificultad del final de invierno, volver a iluminar la naturaleza que sale de su letargo.

Por eso quiero al viento, independientemente de donde me encuentre. Quiero a mi cierzo cuando sopla sin parar del Moncayo impasible; quiero a mi Tramontana arrasar la costa del norte de Menorca, avisando del poder dormido que espera más allá del mar, del mar salvaje donde viene la galerna que choca como los montes de Euskadi tras silbar y recorrer los cortantes de la costa sin ningún tipo de piedad.

Por eso quiero al viento… al que asusta y al que corta, al que renueva y libera…por eso, quiero al viento.

No hay árbol que el viento no haya sacudido. (Proverbio hindú)

No hay árbol que el viento no haya sacudido. (Proverbio hindú)

 

Que mejor poema que este de Octavio Paz para hablar del viento…

viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.