no hay vuelta atrás

Hay días que nos damos cuenta que el goteo diario de situaciones no nos permiten volver a situaciones y circunstancias pasadas que creíamos seguras. Son pasos ya caminados, son senderos ya recorridos que no se pueden volver a pisar. Ves señales, signos que no son visibles para muchos, pero para otros nos indica que no hay vuelta atrás.

Caminando los senderos, aquellos que en la vida nos señalan una dirección, que no un destino, aquella que seguimos sin descanso, sin mirar atrás, sin parar en veredas de tranquilidad completa de flores hermosas de atrayente olor, de atractiva visión pero no perdurables en el tiempo, porque este camino muestra cosas, pero pocas de ellas, salvo el caminante, se consideran que permanecen.

No hay vuelta atrás. No lo intentes. Sólo sigue caminando sin mirar atrás, sin volver a buscar aquello que no viste ni sentiste muchos pasos atrás. Tu  mochila ya lleva recogidas las vivencias que tuviste y necesitaste coger. Aquello fue lo que te hizo seguir tu trayecto, no intentes cambiarlo nunca. Las vistas que pasaste fueron ya asimiladas, da igual el tiempo y las circunstancias en la que lo visitaste. Eran las tuyas y siempre fueron las mejoras. No pares, camina y rompe tus zapatos buscando el destino, porque el propio camino, es el fin.

 

"El miedo es una ilusión del ego que nos limita, muriendo en vida"

“El miedo es una ilusión del ego que nos limita, muriendo en vida”

Para terminar, que mejor fin que la parte final del poema “Retrato” de Antonio Machado…

Retrato

….

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

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