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Archivos Mensuales: abril 2017

Es un espacio curioso y un momento curioso. No creo que sea un momento especial para la humanidad, pero vitalmente estoy altamente sorprendido. Vivimos en un mundo donde cada vez escucho más disonancias sobre valores, sobre los criterios que pensé, evidentemente, de forma equivocada sobre algo que ya se presumía conseguido para, al menos, una parte de la sociedad.

Hablan de personas y nos olvidamos de los están alrededor. Hablamos de criterios sobre sentimientos y valores personales, sobre empatía con los demás, mientras la mayoría a la hora de decidir considera al extraño como indeseable, como alguien maligno que viene a dañarnos. Lo distinto es lo malo, lo desconocido destruye mis creencias, me saca de mi espacio de confort. Enormes cantidades de dinero se invierten en la mejora de las condiciones de algunos, mientras otros se mueren por no tener nada. Absolutamente nada.

Nuestros miedos se hacen fuertes. Nada más peligroso que no ser conscientes de nuestro “vagabundear” vital. Nada más cercano de aquel niño que fuimos y descubríamos con sorpresa nuestro entorno, sin tener nada que salvaguardar, nada que poseer, nada de valor, salvo nuestras ganas de conocer, de vivir al fin y al cabo. De este viaje que es la vida nada nos quedará, nada que podamos llevar allá donde vayamos, nada que compartir sino el cariño y las acciones hechas durante nuestro sendero; sin nada de peso, salvo los besos y las caricias, los abrazos, los consuelos, las melancolías y las lágrimas de tristeza… sin darnos que todo cabrá entre el cielo y el mar.

 

“Desde pequeño pensé que los mendigos y los vagabundos, la gente que vivía al raso, sabían algo más, o algo distinto. Estaba convencido de que los que no tienen nada lo tienen todo. Ya sé que esto no es verdad a la fuerza, pero me lo creí e intenté vivir durante mucho tiempo con muy poca cosa. Un sitio abierto y un corazón abierto: eso me pareció importante.” Tom Waits

y hoy, para terminar, quien escuchando su canción me dio la idea para escribir en este espacio sin identificar…

Hoy he vuelto a mi mundo, al de verdad, con mi pequeña maleta de mano. Con mi pequeñas aventuras, con mis grandes sueños apretados dentro de mi pequeño espacio. En este pequeño espacio he ido recogiendo muchos pequeños recuerdos, vivencias, experiencias que siempre me acompañan allá donde voy. Es un saquito lleno también de instantáneas recogidas en momentos de felicidad, y porqué no decirlo, también en momentos amargos.

Este espacio lo llevo en mi espalda, como un pequeño fajito donde también hay un pequeño espacio para los pequeños trocitos de los sueños rotos, de hojitas de árboles caídas y recogidas en los senderos de la vida. No importa si no son los más bonitos, ni los más deslumbrantes, sólo me importan que son mis pequeñas gotas de realidad y de ficción que me ayudan a seguir adelante. No me importa si ahora pesa mucho, ya que del propio camino se irán cayendo aquello que no tuviera importancia, o que no sean verdaderos, o simplemente que se derretirán cuando pasemos por el camino en verano o se congelarán en los senderos de las montañas del invierno.

Siempre pienso en algunas personas cargadas de grandes bultos, donde guardan egos y propia idolatría que nos les hacen caminar ligero, no les permiten entrar en nuevos caminos ni conocer senderos lejanos y remotos, si no recorrer en círculo viciosos caminos ya muy pisados, muy caminados, muy complacientes… yo, mientras tanto, intentaré seguir caminando con mi humilde petatillo, con mis pequeños vicios y querencias, haciendo más corto y agradable el camino, buscando la sabiduría de los cantos rodados de los caminos remotos, las pajas ya secas en las tierras ya cosechadas, o quizá, alguna fruta dulce de verano sin recoger de algún remoto y extraño sendero…

 

Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarle el ánima. (Gabriel García Marquez)

 

Qué gran poema de Luis García Montero para cerrar este pequeño sendero….

Está solo. Para seguir camino…

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

Curiosos son los días de niebla. Permiten ver de cerca, en la distancia próxima, alejando los colores y atenuando la realidad cercana. No somos conscientes de lo más lejano, de lo inalcalzable, de lo invisible a nuestros ojos al disiparse en la lejanía disipada de la luz difuminada. La luz no es clara, el cielo no es azul, no permite que podamos distinguir donde está el foco de donde viene el calor, escaso, que no nos llega a calentar. Te moja la cara, te mantiene indefenso durante el tiempo que te acaricia suavemente, como una seda de agua que espera tocarte para dejar su agua como un lejano beso.

Pero aún más curioso es ver las olas de niebla, olas y ondulaciones que a lo largo del tiempo, confunden los valles, los llanos con lejanos mares, con remotos océanos de agua espumosa. En estos momentos, las laderas de la montaña son rompeolas donde la espuma que simula la niebla descarga su humedad invisible. ¡Disfruta del oleaje! Moja tu cara con las caricias de las olas de nubes, con la espuma de la niebla. Disfruta. Cierra los ojos y disfruta. Déjate llevar por aquello que no eres capaz de controlar, aquello que no eres capaz de ver, aquello que tan sólo puede disfrutar. Disfruta de las olas de niebla como de las sorpresas del destino. Dejate y permite mojarte…

 

La verdad es una antorcha que luce entre la niebla, sin disiparla. (Claude Adrien Helvétius)

Para cerrar esta entrada, que mejor Hermann Hesse y su siguiente poema.

En la Niebla

¡Extraño vagar entre la niebla!
Solitario está cada arbusto y piedra,
ningún árbol mira al otro,
cada uno está solo.

Lleno de amigos estaba para mí el mundo
cuando mi vida era clara todavía;
ahora que la niebla cae,
nadie más está visible.

Verdaderamente, nadie es sabio
si la tiniebla no conoce,
lo inevitable y silencioso
de todo lo aparta.

¡Extraño vagar entre la niebla!
Vivir es estar solo.
Ningún hombre conoce al otro,
cada uno está solo.