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Música

Es un espacio curioso y un momento curioso. No creo que sea un momento especial para la humanidad, pero vitalmente estoy altamente sorprendido. Vivimos en un mundo donde cada vez escucho más disonancias sobre valores, sobre los criterios que pensé, evidentemente, de forma equivocada sobre algo que ya se presumía conseguido para, al menos, una parte de la sociedad.

Hablan de personas y nos olvidamos de los están alrededor. Hablamos de criterios sobre sentimientos y valores personales, sobre empatía con los demás, mientras la mayoría a la hora de decidir considera al extraño como indeseable, como alguien maligno que viene a dañarnos. Lo distinto es lo malo, lo desconocido destruye mis creencias, me saca de mi espacio de confort. Enormes cantidades de dinero se invierten en la mejora de las condiciones de algunos, mientras otros se mueren por no tener nada. Absolutamente nada.

Nuestros miedos se hacen fuertes. Nada más peligroso que no ser conscientes de nuestro “vagabundear” vital. Nada más cercano de aquel niño que fuimos y descubríamos con sorpresa nuestro entorno, sin tener nada que salvaguardar, nada que poseer, nada de valor, salvo nuestras ganas de conocer, de vivir al fin y al cabo. De este viaje que es la vida nada nos quedará, nada que podamos llevar allá donde vayamos, nada que compartir sino el cariño y las acciones hechas durante nuestro sendero; sin nada de peso, salvo los besos y las caricias, los abrazos, los consuelos, las melancolías y las lágrimas de tristeza… sin darnos que todo cabrá entre el cielo y el mar.

 

“Desde pequeño pensé que los mendigos y los vagabundos, la gente que vivía al raso, sabían algo más, o algo distinto. Estaba convencido de que los que no tienen nada lo tienen todo. Ya sé que esto no es verdad a la fuerza, pero me lo creí e intenté vivir durante mucho tiempo con muy poca cosa. Un sitio abierto y un corazón abierto: eso me pareció importante.” Tom Waits

y hoy, para terminar, quien escuchando su canción me dio la idea para escribir en este espacio sin identificar…

Nunca me ha gustado estar mucho tiempo en el mismo sitio. El mismo sitio es la misma situación, mental, emocional, sentimental… Recuerdo que cuando era pequeño, ese alguien irrepetible especial me decía que no podía tener un asiento. Es cierto. Necesito pensar que voy, que me muevo, que encontraré algo nuevo que antes no había conocido.

No me gustan los anclajes, lo que, por comodidad creamos para no mover al camino, pero ese sendero continua, inalterable hacía el mar, a la desembocadura del río de la vida, a la extraña paz que encuentras al llegar al destino deseado. No debe ser llegar la meta, sino disfrutar del camino. Añadir más vivencias a la mochila, añadir más paisajes a tu retina, conocer el espacio recóndito, escuchar la cascada que en el camino indica que cada vez estás más cerca de cruzar el río. No pasa nada porque te duelan las piernas, porque los pies se te resientan de las vivencias ya pasadas. Es nuestro camino lo que hace que estés vivo. Estas vivo mientras viajas… y viajas mientras estés vivo.

Sé que es difícil convivir con un errante, sé que es complicado buscar nuevos caminos y senderos. Es más cómodo estar sentada al calor de tu hogar en los días de invierno o en tu casa en días de lluvia torrencial. No sé de donde viene, pero está en uno mismo. En no rendirse a la gris monotonía, en no caer en la falsa satisfacción del conocimiento ya asumido, en no volver a pasar, una y otra vez, el camino a ningún sitio como los bueyes que mueven las muelas de un molino. No quiero encontrarme que ya he creado mi sendero de pasar una y otra vez por lo mismo, temiendo lo nuevo, ignorando la incertidumbre que se cierne, quieras o no, sobre tu propia vida. Viviré junto a la incertidumbre, viviré con la mochila en mi espalda, viviré errante…

 

En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos – Robert Louis Stevenson

En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos – Robert Louis Stevenson

Para completar esta entrada, gracias a la publicidad volví a recordar esta canción que se llama “Wandering Star” o “Estrella errante”

El otro día fue un día curioso. Quizá por algún tipo de añoranza no sé muy bien surgida de donde, me empecé a recordar cosas de mi pasado. Dicen que nunca se debe mirar atrás, pero yo de vez en cuando lo hago. Es una experiencia dura, sobre todo cuando tus recuerdos no son agradables, o situaciones que te hicieron daño realmente o personas que ya no están. Esta vez fue por situaciones que me hicieron daño, pero recuerdos no agradables o personas que ya no están también me ha sucedido. Curiosamente, me considero una persona con suerte y sin grandes traumas, pero lo realmente dañino para uno mismo es reconcentrar tus recuerdos en el dolor.

Cosas que jamás podré volver a vivir, ni a solucionar, ni a volver a tener la oportunidad de reparar se amontonan en mi mente, como el martillo del herrero forjando el hierro pero con la diferencia que sigue resonando de la misma forma, sin modificarse, sin un atisbo de cariño a mi mismo…. y me hace daño. Mucho daño. Ojalá alguna vez esos recuerdos huyan y se difumine, como el humo del cigarrillo en la ventana entreabierta de una noche de verano. Quizá hoy no sea como soy si no los hubiera vivido, pero son lastres que no se agradecen en el presente. Muescas en el alma del pasado son las barreras a saltar del futuro.

Curiosamente, el mismo día escuché a alguien decir que el pasado forja el futuro. Seguro que es verdad, pero debo mirarme como aquel viajero que atraviesa su personal travesía y ve, desde la altura los pasos en los rellanos que ha ido dejando más abajo. Los pasos buenos, los que avanzan en el camino han desaparecido por la nieve recién caída del tiempo, pero aún ves los tropiezos o resbalones de las circunstancias que jamás se ocultan y se podrán ver desde la cima. No puedo ir recaminando mis propios pasos para ocultarme mis propios resbalones, pero quizá, quien sabe, algún día me perdone a mi mismo los traspies del camino.

Tendrá que haber un camino, habrá un camino que me lleve, que me lleve donde pueda estar. Los Planetas y Enrique Morente

Tendrá que haber un camino,
habrá un camino
que me lleve,
que me lleve donde pueda estar.
Los Planetas y Enrique Morente

Hoy voy a poner, para animar un poco este invierno gélido, esta canción de Los Planetas que es el adelanto de su nuevo disco. Curiosamente, circunstancias de la vida, he ido creciendo y madurando al mismo ritmo que sus canciones; desde el desconcierto de sus primeros discos, a la amargura de sus posteriores discos y a la paz y madurez de los últimos años.

Hay días, hay momentos que sigo viviendo en una falsa sensación de realidad. Lo que suele pasar en estos momentos es sentirme dentro de un gran escenario y con un montón de gente alrededor actuando, siguiendo unos dictados que no son propios. No son naturales y actúan programados por los criterios de otros, que jamás ni conozcan. No siento enfado, siento pena. Pena por ellos y pena por mí.

Pena por ellos porque jamás podrán reconocer que no les gusta sus ideas prefabricadas, no les gustan sus criterios de valoración de personas, aquellas que curiosamente tampoco pasarían ellos si fueran normales. No puedo decir que que no sean felices, aunque sin propios criterios viven la vida que ellos quieren vivir… pero lo peor de todo, es que antes sentía pena por mí. Pena por no coincidir en nada con esos criterios de humanidad, de valores, de sentimientos, de gustos, de esperanza o de criterios de vida.

Somos libres: libres como las barcas perdidas en el mar. John Dos Passos

Somos libres: libres como las barcas perdidas en el mar. John Dos Passos

Hoy ya no lo quiero sentir así. Quiere revindicar la libertad de ser uno mismo. La libertad de pensar, actuar, obrar, sentir exactamente en libertad, en conciencia y con confianza de aplicar y valorar mis criterios. Que más vale un minuto de libertad que cien años de encierro…

Por eso, por este motivo, durante el tiempo que no escribí, muchas veces pensaba en Marcos Ana y su largo periodo de cautiverio, pero sólo físico, porque mental siguió libre como el viento.

Os dejo un poema suyo que me encanta sobre la libertad…
Mi casa y mi corazón
(sueño de libertad)

Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
La luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.

Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.

 

O esta canción que me encanta de León Benavente… porque quizá los criterios prefabricados socialmente puedan ser ésto…

Muchos días pasan, y casi todos, por algún motivo recuerdas a gente que te has cruzado en tu vida y por algo, de repente, aparece de nuevo y se presenta su recuerdo ante tí.

Quizá, simplemente andando por la ciudad, paseando por un parque, una canción en la radio cuando vuelves de trabajar en una tarde cualquiera, quizá en ese momento alguien se acuerde de tí. Se acuerde de las vivencias conjuntas, de los momentos pasados en otras circunstancias completamente distintas… cuando necesitaste un consuelo, cuando escuchando una frase inspiradora, cuando reflexionaste sobre situaciones que antes no habías pensado. Por eso, al final, nada más que la mochila de momentos en lugares con personas que lo hicieron especial es lo único que podemos llevar haya donde vayamos, mientras vivamos, mientras existamos, mientras soñemos y modifiquemos nuestro pasado para entender nuestro presente…

 

acuerdate-de-mi

“Si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte.” Julio García Montero

Esta entrada me vino a la mente cuando escuche esta canción de este grupo, que hasta hace poco era completamente desconocido, pero, por circunstancias variadas se ha colado en mi vida y me hace sentir cosas profundas porque conecta con mis sentimientos. Además, este video, curiosamente, está grabado en mis paisajes de infancia y juventud, donde disfrute cada segundo y me han marcado para siempre…

Es complicado ser uno mismo. No me cabe duda alguna.
Quizá sea por las fechas, pero me he acordado de la dura juventud (cada uno tiene sus traumas…) Recuerdo con mucha tristeza como intentaba ser una persona adulta. Tenía una duda en el interior que me hacía sentir extraño. Me gustaban cosas como poesías, escritura o simplemente música que no era bien tratada (por decirlo de alguna forma…) que el resto de amigos.

Quería que me aceptaran y por hacerlo, quien no se aceptaba era yo mismo. Hacía y decía cosas que no eran mías; vivía distinto a mi forma de pensar. Mientras, casi en secreto, leía, escuchaba o incluso actuaba de una forma distinta. De esta forma, creía que era aceptado por el grupo de amigos donde crecía, aunque tampoco con mucho éxito.

De repente, quizá ya por no poder mantener esas apariencias, quizá ya por haberme hecho un poco mas mayor, salió quien era yo realmente, que la poesía, la filosofía, los relatos cortos o incluso el ensayo no eran de viejos decrepitos, que el flamenco de Camarón, Mercé, Morente, Paco de Lucia o incluso Paco Ibañez no eran para abuelos ni perdedores. Que expresarte contando tus dudas, tus penas o sentimientos no es de ser indefenso o blando.

Es al revés… el de verdad, el que sale cuando eres tú quizá no sea un ganador, quizá sea el auténtico perdedor, pero eres tú, y si puedes mantenerlo, mientras pueda, lo seré… guste a quien guste, esté o no de moda.

Ojala alguien me lo hubiera contado (aun pareciendo tan obvio, a mí no me resultó sencillo) para haber tomado nota o aprendido, aunque, quizá, sea cierto eso de que no se escarmienta en carne ajena…

Ser uno mismo es una apuesta ganadora... por lo menos, para tí y tu conciencia.

Ser uno mismo es una apuesta ganadora… por lo menos, para tí y tu conciencia.

Hace mucho que no pongo a dos grandes. Quizá es bueno leer y escuchar a aquellos que no se soportan, pero quizá, cuando todo está perdido, cuando las noches en soledad solo sea posible soportarlas domitando con alcohol, aparecen las grandes verdades como lejanos brillos de luz de lejanas estrellas.. Cuando Tom Waits recita a Charles Bukowski pueden quedar cosas como estas… (está en castellano traducido…)

Quizá puede ser casualidad, pero en estos días primeros de verano debe surgir por algún extraño gen de mis antepasados y me encuentro más sensible al sur. Más cercano, noto proximidad por la cultura, por su delicadeza, por su predilección ante los componentes triangulares algebraicos, por su cercania ante las ideas, dejando atrás símbolos humanos y eligiendo la pertenencia ante la metafísica.

Será por el viento desértico que azota mi planicie, el que viene del Sahara atravesando un Atlas remoto, cruzando por el Mar de La Mari, y buscando por el sur un resquicio por el que pasar a mi meseta, coloreada de amarillo por los trigales ya secos y cosechados.

Quizá ese cereal aún recuerde el zarandeo de la brisa del viento de primavera cuando se formaban olas de trigo o cebada, cuando todo se movía de un lado al otro y que, aún mirando al cielo, las nubes no paraban de moverse alrededor de un lado a otro, como si hubiese un muelle propio relacionado con la flexibilidad de nuestra propia forma.

Añorar el pasado es correr tras el viento.

Añorar el pasado es correr tras el viento.

Por eso, tanto evitando el movimiento como evitando los vientos del sur, siempre debemos tener un escondite del viento. Un lugar donde poder mirar a un cielo estable, a un horizonte no agitado por los vaivenes de lo externo, de lo incontrolable. Quizá sea este escondite el reposo del guerrero; yo prefiero que sea el descanso del caminante, la silla del viajero.

Qué mejor que Led Zeppelin para comprender un refugio a la paz, un refugio a la huida de lo externo y formentando el entendimiento.