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Poemas

Cuando vivimos, cuando sentimos, cuando transcurrimos los senderos de la vida, es muy extraño encontrarse con algo en soledad. Aunque no se quiera, siempre hay parejas para todo, para todo y para todos los sentimientos. Es curioso porque la gente nos sentimos solas, pero siempre estamos en pareja. Soledad con melancolía de lo vivido, desamor con desesperanza de volver a vivir pleno, tristeza con amargura de no volver a recuperar el tiempo perdido. Todo, hasta la última esperanza que incluso va con la valentía de aferrarse al intento.

Pero no siempre la pareja debe estar al lado, o incluso al nivel que se desea. Nunca la desgracia cuando es grande viene sola, ya que las compañías adquiridas y elegidas casi siempre son de menor nivel (de momento…) que la primera y original. Incluso las personas, en el trasiego de experiencias y sensaciones no vamos solos. Jamás, desde que nacemos con nuestra madre hasta cuando morimos, con la muerte de la mano dando paso a lo jamás contado, jamás encontrado, jamás escondido, jamás revelado.

Soledad

El camino de la montaña, como el de la vida, no se recorre con las piernas sino con el corazón. Andres Nadal

Para terminar este pequeño pasaje, nada mejor que este poema de la gran Gloria Fuertes, aquella que solo la veíamos como poeta de niños, aunque al final, los niños tenemos cualquier edad….

 Parejas

Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.

Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.

Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.

Cada foco con su foca.
Cada plato con su taza.

Cada río con su ría.
Cada gato con su gata.

Cada lluvia con su nube.

Cada nube con su agua.
Cada niño con su niña.

Cada piñón con su piña.
Cada noche con su alba.

“Resiliencia”… curioso vocablo… dice la RAE que es la “capacidad que tienen los seres vivos para adaptarse a condiciones generadas por un agente externo desfavorable.”  En otras palabras… la capacidad que tenemos de mantener el tipo, de mantener los criterios y valores habituales frente a todo lo que nos va echando encima el destino. Es complicado saber hasta que punto se puede aguantar. Un día, una amiga me comentó que cuando corrió su primer maratón, se dio cuenta que la capacidad de soportar sufrimiento en las personas es casi infinita, pero lo que jamás debe faltar es quedarnos sin las ganas de llegar.

Físicamente no cabe duda de qué el dolor humano puede llegar a límites casi infinitos, pero mentalmente se debe explorar hasta que punto se debe alcanzar y hasta que punto estamos dispuestos a asumir. En algunos momentos, cuando piensas en cosas que suceden, piensas que debes aguantar aquello que, como un gota que cae armoniosa de un fuente de la montaña, cae golpeándote la cabeza una y otra vez, repetidamente y con una frecuencia demoledora. No es algo especial cuando cae una gota. Lo especial es aguantar día tras día, gota tras gota, …

Resiliencia es también no rendirse cuando vemos el camino que tenemos por delante. Ver la gran montaña ante nosotros, ver las primeras rampas, ver el camino en la lejanía sobre la que el camino, girándose sobre sí mismo, con la torsión propia de una culebra que busca encontrar, a lo largo de su recorrido su ansiada presa que a lo largo de la visión somos incapaces de divisar. Resiliencia en pensar que el camino recorrido ha sido antes superado por alguien con el mismo resquemor que tú, con las mismas condiciones de cansancio, con el mismo nivel de quebrantamiento, con las mismas ganas de vivir, de mejorarse, de sacar ese último aliento que te haga llegar.

El alpinista es quién conduce su cuerpo allá dónde un día sus ojos lo soñaron
Gaston Rébuffat

 

Para una entrada como la de hoy, que mejor que el poema de Mario Benedetti sobre la rendición..

¡No te rindas!

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola, porque yo te quiero.

Hoy he vuelto a mi mundo, al de verdad, con mi pequeña maleta de mano. Con mi pequeñas aventuras, con mis grandes sueños apretados dentro de mi pequeño espacio. En este pequeño espacio he ido recogiendo muchos pequeños recuerdos, vivencias, experiencias que siempre me acompañan allá donde voy. Es un saquito lleno también de instantáneas recogidas en momentos de felicidad, y porqué no decirlo, también en momentos amargos.

Este espacio lo llevo en mi espalda, como un pequeño fajito donde también hay un pequeño espacio para los pequeños trocitos de los sueños rotos, de hojitas de árboles caídas y recogidas en los senderos de la vida. No importa si no son los más bonitos, ni los más deslumbrantes, sólo me importan que son mis pequeñas gotas de realidad y de ficción que me ayudan a seguir adelante. No me importa si ahora pesa mucho, ya que del propio camino se irán cayendo aquello que no tuviera importancia, o que no sean verdaderos, o simplemente que se derretirán cuando pasemos por el camino en verano o se congelarán en los senderos de las montañas del invierno.

Siempre pienso en algunas personas cargadas de grandes bultos, donde guardan egos y propia idolatría que nos les hacen caminar ligero, no les permiten entrar en nuevos caminos ni conocer senderos lejanos y remotos, si no recorrer en círculo viciosos caminos ya muy pisados, muy caminados, muy complacientes… yo, mientras tanto, intentaré seguir caminando con mi humilde petatillo, con mis pequeños vicios y querencias, haciendo más corto y agradable el camino, buscando la sabiduría de los cantos rodados de los caminos remotos, las pajas ya secas en las tierras ya cosechadas, o quizá, alguna fruta dulce de verano sin recoger de algún remoto y extraño sendero…

 

Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarle el ánima. (Gabriel García Marquez)

 

Qué gran poema de Luis García Montero para cerrar este pequeño sendero….

Está solo. Para seguir camino…

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

Curiosos son los días de niebla. Permiten ver de cerca, en la distancia próxima, alejando los colores y atenuando la realidad cercana. No somos conscientes de lo más lejano, de lo inalcalzable, de lo invisible a nuestros ojos al disiparse en la lejanía disipada de la luz difuminada. La luz no es clara, el cielo no es azul, no permite que podamos distinguir donde está el foco de donde viene el calor, escaso, que no nos llega a calentar. Te moja la cara, te mantiene indefenso durante el tiempo que te acaricia suavemente, como una seda de agua que espera tocarte para dejar su agua como un lejano beso.

Pero aún más curioso es ver las olas de niebla, olas y ondulaciones que a lo largo del tiempo, confunden los valles, los llanos con lejanos mares, con remotos océanos de agua espumosa. En estos momentos, las laderas de la montaña son rompeolas donde la espuma que simula la niebla descarga su humedad invisible. ¡Disfruta del oleaje! Moja tu cara con las caricias de las olas de nubes, con la espuma de la niebla. Disfruta. Cierra los ojos y disfruta. Déjate llevar por aquello que no eres capaz de controlar, aquello que no eres capaz de ver, aquello que tan sólo puede disfrutar. Disfruta de las olas de niebla como de las sorpresas del destino. Dejate y permite mojarte…

 

La verdad es una antorcha que luce entre la niebla, sin disiparla. (Claude Adrien Helvétius)

Para cerrar esta entrada, que mejor Hermann Hesse y su siguiente poema.

En la Niebla

¡Extraño vagar entre la niebla!
Solitario está cada arbusto y piedra,
ningún árbol mira al otro,
cada uno está solo.

Lleno de amigos estaba para mí el mundo
cuando mi vida era clara todavía;
ahora que la niebla cae,
nadie más está visible.

Verdaderamente, nadie es sabio
si la tiniebla no conoce,
lo inevitable y silencioso
de todo lo aparta.

¡Extraño vagar entre la niebla!
Vivir es estar solo.
Ningún hombre conoce al otro,
cada uno está solo.

Siempre me ha importado el futuro, pero no el lejano ni remoto, sino el cercano. Aquel que, simplemente echándole una pensada casi puedes tocar con las manos. También he ido pensando a largo plazo decisiones más o menos importantes, pero como si fuera algo que está muy lejos y que poco a poco, paso a paso, con el devenir del trabajo y las vivencias me han ido acercando. Acercando y sobrepasándolo, permitiendo pasar los hitos que me va mostrando el camino.

Además, si algo he ido aprendiendo es que todo lo que planifique cuando he sido más joven, veo que ha quedado relegado, se ha ido alejando en el futuro improbable en el horizonte de lo que nunca jamás sucederá. Mis anhelos de juventud, mis sueños infantiles se han ido enturbiando por la niebla de los hechos reales que hacen borrosas muchos de aquellos sueños. No me cambiaría ahora por ninguno de mis avatares soñados, porque ya no hay espacio para ellos, no queda lugar para ninguno de ellos.

También aprendí otra cosa, quizá la más curiosa. Casi todo lo que pensé que sucedería en un plano medio de tiempo, no hay sucedido. No sólo no se ha producido, si no que ha ocurrido lo contrario a lo deseado, produciéndose un problema que, con la ayuda de otras circunstancia se ha convertido en otra oportunidad, un evento dichoso que ha transformado de una desilusión en una oportunidad. Quizá aquel refrán de “cuando se cierra una puerta, se abre una ventana” hace que tengamos que ver el futuro como una hoja en blanco donde escribimos todos, tú, el destino y por supuesto, las decisiones que vienen de dentro de una mezcla de pensamientos y sobre todo, sentimientos. Por lo tanto, como decía Joe Strummer “The future is unwritten…” y yo añadiría…” and we complete it using our feelings”

´Nada habría podido suceder si alguien no lo hubiera imaginado´
Reinhold Messner

Aparte, para terminar esta entrada, nada mejor que Mario Benedetti hablando sobre el futuro que viene….

Lento pero viene

Lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

hoy está más allá
de las nubes que elige
y más allá del trueno
y de la tierra firme

demorándose viene
cual flor desconfiada
que vigila al sol
sin preguntarle nada

iluminando viene
las últimas ventanas

lento pero viene
las últimas ventanas

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya se va acercando
nunca tiene prisa
viene con proyectos
y bolsas de semillas
con ángeles maltrechos
y fieles golondrinas

despacio pero viene
sin hacer mucho ruido
cuidando sobre todo
los sueños prohibidos

los recuerdos yacentes
y los recién nacidos

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya casi está llegando
con su mejor noticia
con puños con ojeras
con noches y con días

con una estrella pobre
sin nombre todavía

lento pero viene
el futuro real
el mismo que inventamos
nosotros y el azar

cada vez más nosotros
y menos el azar

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

lento pero viene
lento pero viene
lento pero viene

Es curioso lo que nos pasa cuando nos encontramos con los amigos y conocidos del pasado. Nos vuelven a traer momentos que fueron buenos y otros muchos que fueron malos, que fueron especiales y nos permitieron cambiar ideas y sentimientos, pudiendo convertir nuestras debilidades y fortalezas en algo completamente distinto, adaptadas a las circunstancias que cada uno de nosotros sentimos y experimentamos.

No son buenas ni malas; son distintos los criterios. Son adaptaciones a problemas que nos han surgido de las vivencias en nuestros entornos. Ya ellos no nos conocen, ni siquiera física ni mentalmente. Cada uno cogió su mochila y fue a recorrer su sendero vital. Aquel que te hace recorrer caminos impensables y que jamás se podrían haber planificado. Durante este camino, se han recogido flores que nos maravillaron, piedras donde tropezamos y pequeñas muescas se han ido marcando en nuestra piel, haciéndola cada vez más áspera e impermeable al exterior.

En estos momentos de encuentro, nos hacemos recordar. Nos hacemos volver a sentir aquellas vivencias compartidas en un entorno inexistente ya, en un momento pasado. No hay ya buenas ni mala decisiones. Simplemente hay cariño por el tiempo pasado, por el tiempo ya evaporado en los vapores que son los recuerdos. No se queda el dolor, se queda la cicatriz del pasado.

La guitarra es un pozo con viento en vez de agua. Gerardo Diego

La guitarra es un pozo con viento en vez de agua. Gerardo Diego

Y como no, voy a hacerte recordar como lo hizo Antonio Machado de mi lugar secreto…

Recuerdo

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

Son curiosos estos días de invierno. A mí me hacen sentir aún más pequeño, casi diminuto. Recuerdo la sensación de diminutez cuando, de pequeño, aún de noche o comenzando a amanecer, el aire sonaba como lobo que aulla a su futura presa desamparada a que asome de donde esté. Por eso, yo aún me cobija debajo de la manta esperando a que fuera a otro lugar y se olvidara que estaba allí escondido. Aún lo sigo haciendo y me mantengo acurrucado en tu regazo, a salvo del exterior.

Pero el viento también me emociona. Me emociona porque sus soplidos, sus ráfagas de aquel norte huraño donde nada se da sin motivo, se lleva a otro lugar los últimos rastros de la vida pasada. Es el último paso para terminar de borrar la vida pasada, dejando paso a las nuevas yemas de los árboles más tempranos que nos alegrarán cuando consigan, con la dificultad del final de invierno, volver a iluminar la naturaleza que sale de su letargo.

Por eso quiero al viento, independientemente de donde me encuentre. Quiero a mi cierzo cuando sopla sin parar del Moncayo impasible; quiero a mi Tramontana arrasar la costa del norte de Menorca, avisando del poder dormido que espera más allá del mar, del mar salvaje donde viene la galerna que choca como los montes de Euskadi tras silbar y recorrer los cortantes de la costa sin ningún tipo de piedad.

Por eso quiero al viento… al que asusta y al que corta, al que renueva y libera…por eso, quiero al viento.

No hay árbol que el viento no haya sacudido. (Proverbio hindú)

No hay árbol que el viento no haya sacudido. (Proverbio hindú)

 

Que mejor poema que este de Octavio Paz para hablar del viento…

viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.