Vengo de un sitio donde ya no somos muchos. No hay masificación, no hay socialización, no hay más que tierras yermas, tierras cultivadas con poco esmero, ríos con remansos y rápidos. Viento que corre alargando la mano del frío de la cima de las montañas; viento que no para hasta ver caer las pocas hojas que quedan y que perduran del anterior verano. Marrones paisajes donde nade perdura ni se mantiene, durmientes hasta que el calor de los últimos rayos del sol de marzo.

Y no vendrán porque cada vez hay más espacio; cada vez hay más soledad y más espacio para encontrarse. Somos de las últimas generaciones de los páramos fríos del norte. Ya no hay más esperanzas en el mundo globalizado, saturado de personas en grandes ciudades, cercano entre personas muy distantes en distancia… y no vendrán otros porque el frío y la soledad no quieren a nadie, no quieren nada que no sea la desesperanza. No quieren que el viento zumbe cuando toque algo humano. Quiere seguir sonando a su compás, al compás del viento rozando el chopo a la orilla del río.

Ahora, en mi sitio, solo queda esperar de pie, orgulloso de la estirpe de guerreros que intentaron conquistar este territorio hostil. El territorio del cierzo, de las montañas lejanas y de fríos cercanos. Del río Duero cadencioso atravesando estepas castellanas donde, a lo lejos, se ven los dioses que en el Moncayo habitan y descansan en el Urbión o en Cebollera, antes de lanzar sus bocanadas de nieve ante los nuevos habitantes. Ya mantendremos la grandeza, ya pasada, de ser un soriano irreductible, de ser ya el último de los guerreros. Guerreros, siempre guerreros….

La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo. Gustavo Adolfo Becquer

La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo. Gustavo Adolfo Becquer

Que mejor poeta que Luis Cernuda, con su poema “Cómo llenarte, soledad” para explicar ciertos sentimientos sobre la soledad….

Como llenarte, soledad

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma…

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.

Sigue luchando. ¡No te detengas… sigue luchando por lo que siempre has creído! Cuando ves que los brazos no te responden, cuando notas tus piernas temblando sin casi no poder aguantar de pie, es el momento, más que nunca, de seguir luchando…

Luchando por lo que siempre has defendido. No luchando por Dioses representados por millonarios en sus cómodos sillones en sus lujosas mansiones, si no por la humanidad y la independencia de pensamiento, por aquella libertad que otros antes que tú han caído por defenderlo. No luchando contra otros como tú, no combatiendo ni degollando a pobres almas que sin saber cómo, han terminado por casualidad en otro bando. Lucha por vivir cada día como el primero. Lucha por ver cada día salir el primer rayo de sol dentro del cielo oscuro.

No te detengas aunque las lágrimas silenciosas corran por tus mejillas. No te detengas cuando veas que todos está en contra de tus ideas. No te detengas y no mires atrás de lo que ya has conseguido avanzar. No te detengas y no te arrodilles ante nadie por ser como eres, por defender tus ideas, por no cambiar de valores, por no rendirse cuando lo fácil es parar y agarrarse a lo sencillo.

¡Sigue! ¡Sigue corriendo sin mirar atrás! ¡NO TE DETENGAS…!

Levántate y levántate de nuevo hasta que los corderos se conviertan en leones.-Robin Hood.

Levántate y levántate de nuevo hasta que los corderos se conviertan en leones.-Robin Hood.

Leí el otro día este poema de Walt Witman (gracias, Juan Carlos), que me dejó francamente iluminado… espero que también os enseña algo como lo hizo conmigo.

No te detengas

 No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
   No te dejes vencer por el desaliento.

   No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

   No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
   No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

   Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
   Somos seres llenos de pasión.
   La vida es desierto y oasis.

   Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
   Aunque el viento sople en contra,
 la poderosa obra continúa:
   Tu puedes aportar una estrofa.
   No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

   No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

   La mayoría vive en un silencio espantoso.
   No te resignes.
   Huye.
   “Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.

   Valora la belleza de las cosas simples.
   Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
   Eso transforma la vida en un infierno.

   Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
   Vívela intensamente,
sin mediocridad.
   Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

   Aprende de quienes puedan enseñarte.
   Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
   La sociedad de hoy somos nosotros:
   Los “poetas vivos”.

   No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Es curioso lo que nos pasa cuando nos encontramos con los amigos y conocidos del pasado. Nos vuelven a traer momentos que fueron buenos y otros muchos que fueron malos, que fueron especiales y nos permitieron cambiar ideas y sentimientos, pudiendo convertir nuestras debilidades y fortalezas en algo completamente distinto, adaptadas a las circunstancias que cada uno de nosotros sentimos y experimentamos.

No son buenas ni malas; son distintos los criterios. Son adaptaciones a problemas que nos han surgido de las vivencias en nuestros entornos. Ya ellos no nos conocen, ni siquiera física ni mentalmente. Cada uno cogió su mochila y fue a recorrer su sendero vital. Aquel que te hace recorrer caminos impensables y que jamás se podrían haber planificado. Durante este camino, se han recogido flores que nos maravillaron, piedras donde tropezamos y pequeñas muescas se han ido marcando en nuestra piel, haciéndola cada vez más áspera e impermeable al exterior.

En estos momentos de encuentro, nos hacemos recordar. Nos hacemos volver a sentir aquellas vivencias compartidas en un entorno inexistente ya, en un momento pasado. No hay ya buenas ni mala decisiones. Simplemente hay cariño por el tiempo pasado, por el tiempo ya evaporado en los vapores que son los recuerdos. No se queda el dolor, se queda la cicatriz del pasado.

La guitarra es un pozo con viento en vez de agua. Gerardo Diego

La guitarra es un pozo con viento en vez de agua. Gerardo Diego

Y como no, voy a hacerte recordar como lo hizo Antonio Machado de mi lugar secreto…

Recuerdo

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

Nunca me ha gustado estar mucho tiempo en el mismo sitio. El mismo sitio es la misma situación, mental, emocional, sentimental… Recuerdo que cuando era pequeño, ese alguien irrepetible especial me decía que no podía tener un asiento. Es cierto. Necesito pensar que voy, que me muevo, que encontraré algo nuevo que antes no había conocido.

No me gustan los anclajes, lo que, por comodidad creamos para no mover al camino, pero ese sendero continua, inalterable hacía el mar, a la desembocadura del río de la vida, a la extraña paz que encuentras al llegar al destino deseado. No debe ser llegar la meta, sino disfrutar del camino. Añadir más vivencias a la mochila, añadir más paisajes a tu retina, conocer el espacio recóndito, escuchar la cascada que en el camino indica que cada vez estás más cerca de cruzar el río. No pasa nada porque te duelan las piernas, porque los pies se te resientan de las vivencias ya pasadas. Es nuestro camino lo que hace que estés vivo. Estas vivo mientras viajas… y viajas mientras estés vivo.

Sé que es difícil convivir con un errante, sé que es complicado buscar nuevos caminos y senderos. Es más cómodo estar sentada al calor de tu hogar en los días de invierno o en tu casa en días de lluvia torrencial. No sé de donde viene, pero está en uno mismo. En no rendirse a la gris monotonía, en no caer en la falsa satisfacción del conocimiento ya asumido, en no volver a pasar, una y otra vez, el camino a ningún sitio como los bueyes que mueven las muelas de un molino. No quiero encontrarme que ya he creado mi sendero de pasar una y otra vez por lo mismo, temiendo lo nuevo, ignorando la incertidumbre que se cierne, quieras o no, sobre tu propia vida. Viviré junto a la incertidumbre, viviré con la mochila en mi espalda, viviré errante…

 

En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos – Robert Louis Stevenson

En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos – Robert Louis Stevenson

Para completar esta entrada, gracias a la publicidad volví a recordar esta canción que se llama “Wandering Star” o “Estrella errante”

Son curiosos estos días de invierno. A mí me hacen sentir aún más pequeño, casi diminuto. Recuerdo la sensación de diminutez cuando, de pequeño, aún de noche o comenzando a amanecer, el aire sonaba como lobo que aulla a su futura presa desamparada a que asome de donde esté. Por eso, yo aún me cobija debajo de la manta esperando a que fuera a otro lugar y se olvidara que estaba allí escondido. Aún lo sigo haciendo y me mantengo acurrucado en tu regazo, a salvo del exterior.

Pero el viento también me emociona. Me emociona porque sus soplidos, sus ráfagas de aquel norte huraño donde nada se da sin motivo, se lleva a otro lugar los últimos rastros de la vida pasada. Es el último paso para terminar de borrar la vida pasada, dejando paso a las nuevas yemas de los árboles más tempranos que nos alegrarán cuando consigan, con la dificultad del final de invierno, volver a iluminar la naturaleza que sale de su letargo.

Por eso quiero al viento, independientemente de donde me encuentre. Quiero a mi cierzo cuando sopla sin parar del Moncayo impasible; quiero a mi Tramontana arrasar la costa del norte de Menorca, avisando del poder dormido que espera más allá del mar, del mar salvaje donde viene la galerna que choca como los montes de Euskadi tras silbar y recorrer los cortantes de la costa sin ningún tipo de piedad.

Por eso quiero al viento… al que asusta y al que corta, al que renueva y libera…por eso, quiero al viento.

No hay árbol que el viento no haya sacudido. (Proverbio hindú)

No hay árbol que el viento no haya sacudido. (Proverbio hindú)

 

Que mejor poema que este de Octavio Paz para hablar del viento…

viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.

Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.

El otro día fue un día curioso. Quizá por algún tipo de añoranza no sé muy bien surgida de donde, me empecé a recordar cosas de mi pasado. Dicen que nunca se debe mirar atrás, pero yo de vez en cuando lo hago. Es una experiencia dura, sobre todo cuando tus recuerdos no son agradables, o situaciones que te hicieron daño realmente o personas que ya no están. Esta vez fue por situaciones que me hicieron daño, pero recuerdos no agradables o personas que ya no están también me ha sucedido. Curiosamente, me considero una persona con suerte y sin grandes traumas, pero lo realmente dañino para uno mismo es reconcentrar tus recuerdos en el dolor.

Cosas que jamás podré volver a vivir, ni a solucionar, ni a volver a tener la oportunidad de reparar se amontonan en mi mente, como el martillo del herrero forjando el hierro pero con la diferencia que sigue resonando de la misma forma, sin modificarse, sin un atisbo de cariño a mi mismo…. y me hace daño. Mucho daño. Ojalá alguna vez esos recuerdos huyan y se difumine, como el humo del cigarrillo en la ventana entreabierta de una noche de verano. Quizá hoy no sea como soy si no los hubiera vivido, pero son lastres que no se agradecen en el presente. Muescas en el alma del pasado son las barreras a saltar del futuro.

Curiosamente, el mismo día escuché a alguien decir que el pasado forja el futuro. Seguro que es verdad, pero debo mirarme como aquel viajero que atraviesa su personal travesía y ve, desde la altura los pasos en los rellanos que ha ido dejando más abajo. Los pasos buenos, los que avanzan en el camino han desaparecido por la nieve recién caída del tiempo, pero aún ves los tropiezos o resbalones de las circunstancias que jamás se ocultan y se podrán ver desde la cima. No puedo ir recaminando mis propios pasos para ocultarme mis propios resbalones, pero quizá, quien sabe, algún día me perdone a mi mismo los traspies del camino.

Tendrá que haber un camino, habrá un camino que me lleve, que me lleve donde pueda estar. Los Planetas y Enrique Morente

Tendrá que haber un camino,
habrá un camino
que me lleve,
que me lleve donde pueda estar.
Los Planetas y Enrique Morente

Hoy voy a poner, para animar un poco este invierno gélido, esta canción de Los Planetas que es el adelanto de su nuevo disco. Curiosamente, circunstancias de la vida, he ido creciendo y madurando al mismo ritmo que sus canciones; desde el desconcierto de sus primeros discos, a la amargura de sus posteriores discos y a la paz y madurez de los últimos años.

Estamos pasando ya los días del frío. Frío venido del norte, donde la vida se reclina ante los vientos y tormentas de forma habitual. Frío que congela las palabras que están por decir, frío que condensa las emociones más tristes, haciéndolas salir a relucir, haciéndolas presentes como el agua en el hielo mañanero. Aquellas palabras que congelan también las almas templadas y sensibles brotes de nuevas ilusiones.

Van pasando los días con poco sol que ilumine las congeladas ilusiones, azotados por ventiscas nocturnas que vienen silbando alentadas por la luna brillante que les da la luz y claridad para buscar los oscuros rincones de la noche, donde se encuentran los pocos habitantes capaces de dar respuesta a su continua interpretación de los anhelos de otros tiempos… y mientras tanto, las nubes grises vienen caminando con su tranquilo pasear, sin que la tormenta que está por venir le suponga una motivación para hacerse ligera. Sus extrañas formas de pico o brazadas son caricias a la tierra antes de que su nieve se deposite sobre la tierra malherida…

Estos fríos días también congelan mis ilusiones, las dejan recogidas y asustadas por el invernal viento de las situaciones que nos acucian alrededor, como la manada de lobos del monte esperan que el pequeño corzo se mueva de su minúsculo refugio….

 

No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente. Maurice Herzog

No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente. Maurice Herzog

Para decir como puede ser el invierno, que mejor poema que este de Ruben Dario….

De invierno

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño:
entro, sin hacer ruido: dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro, rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis.
Abre los ojos; mírame con su mirar risueño,
y en tanto cae la nieve del cielo de París.